La tumba de Alejandro es una obra fundamental de la historieta española contemporánea, fruto de la colaboración entre el guionista Luis García y el dibujante Rubén Pellejero. Publicada originalmente a principios de la década de los 2000, esta obra se aleja de los tropos convencionales del género de aventuras para adentrarse en un terreno más introspectivo y melancólico, donde la búsqueda arqueológica sirve como motor para explorar la condición humana y el peso de los mitos.
La premisa central gira en torno a uno de los misterios más persistentes de la historiografía mundial: el paradero final de los restos de Alejandro Magno. Tras su muerte en Babilonia, el cuerpo del conquistador macedonio fue trasladado y enterrado, pero su rastro se perdió en los anales del tiempo tras la antigüedad tardía. El cómic nos sitúa en una búsqueda que atraviesa diferentes localizaciones geográficas y temporales, entrelazando la investigación histórica con una trama de intriga que mantiene al lector en un estado de constante curiosidad intelectual.
El guion de Luis García no se limita a narrar una expedición arqueológica al uso. Se centra, primordialmente, en la obsesión. Los personajes que pueblan estas páginas no son héroes de acción unidimensionales; son individuos marcados por sus propias carencias, que ven en el hallazgo de la tumba una forma de redención, de trascendencia o de cierre personal. La narrativa es pausada y deliberada, permitiendo que el misterio se desarrolle de forma orgánica, priorizando la atmósfera y el desarrollo psicológico sobre los giros de guion efectistas o las secuencias de acción gratuitas.
Visualmente, la obra es un despliegue de maestría por parte de Rubén Pellejero. El dibujante, ampliamente reconocido por su trabajo en *Dieter Lumpen* y su posterior etapa en *Corto Maltés*, utiliza aquí un estilo que combina el realismo detallado con una expresividad casi pictórica. Su manejo de la luz y el color es fundamental para establecer el tono de la historia. Las escenas que transcurren en excavaciones, bibliotecas polvorientas o paisajes desérticos están dotadas de una textura que transmite la sensación de antigüedad y el peso de los siglos que separan a los protagonistas de su objetivo. Pellejero logra que el entorno sea un personaje más, capturando la esencia de los lugares donde la historia y la leyenda se confunden.