Coleccion Rambla

La Colección Rambla representa uno de los hitos más significativos y ambiciosos de la historieta adulta en España durante la década de los ochenta. Surgida en un contexto de plena efervescencia creativa, conocido como el "boom del cómic adulto", esta cabecera y su posterior línea de álbumes no solo funcionaron como un escaparate de talento, sino como un manifiesto de independencia editorial y artística frente a las estructuras industriales predominantes de la época.

El origen de la Colección Rambla está intrínsecamente ligado a la figura de grandes maestros del dibujo que, tras años de trabajar para el mercado exterior a través de agencias o bajo las directrices de editores como Josep Toutain, decidieron tomar las riendas de su propia producción. Autores de la talla de Luis García, Josep María Beà, Alfonso Font, Adolfo Usero y Carlos Giménez (aunque este último de forma más tangencial en sus inicios) fundaron la cooperativa García y Beà Editores. El objetivo era claro: crear una publicación donde el autor tuviera el control total sobre su obra, los derechos de la misma y la línea editorial, alejándose de los géneros más comerciales y trillados para explorar narrativas más complejas, sociales y experimentales.

Desde el punto de vista temático, la Colección Rambla se distingue por su heterogeneidad. A diferencia de otras revistas de la época que se especializaban en géneros concretos —como el terror en *Dossier Negro* o la ciencia ficción en *1984*—, Rambla apostó por una amalgama de estilos que reflejaban las inquietudes personales de sus colaboradores. En sus páginas y tomos se dan cita el realismo social más crudo, la ciencia ficción metafísica, el erotismo elegante, la sátira política y el costumbrismo introspectivo. Esta diversidad permitió que la colección se convirtiera en un laboratorio de vanguardia donde se probaban nuevas técnicas gráficas, desde el hiperrealismo fotográfico hasta el expresionismo más agresivo.

Uno de los pilares fundamentales de la colección es el tratamiento visual. La calidad del dibujo en la Colección Rambla es, posiblemente, de las más altas que se han visto en la historia del cómic europeo. Luis García aportó su maestría en el dibujo realista y su compromiso político, elevando la historieta a un nivel de crónica social. Por su parte, Josep María Beà exploró los límites de la psique humana y el surrealismo con obras que desafiaban la lógica narrativa tradicional, utilizando un grafismo innovador que mezclaba texturas y composiciones oníricas. Alfonso Font, con su dominio del ritmo y la aventura, aportó historias que, aunque enmarcadas en la ciencia ficción, siempre contenían una profunda carga humanista y crítica.

La colección no solo se limitó a los autores consagrados. Funcionó también como una plataforma de lanzamiento para nuevos talentos que buscaban una alternativa a las líneas editoriales más rígidas. En sus páginas se pudo ver la evolución de artistas que más tarde serían fundamentales para entender el cómic contemporáneo, permitiendo un relevo generacional que oxigenó el panorama nacional.

Narrativamente, las obras incluidas en la Colección Rambla suelen huir de las estructuras de "continuará" infinitas. Predominan los relatos cortos autoconclusivos de gran impacto visual y las series limitadas que permiten un desarrollo profundo de personajes sin caer en la repetición. La profundidad psicológica es una constante; los héroes de Rambla no son figuras invulnerables, sino seres humanos cargados de contradicciones, miedos y deseos, moviéndose a menudo en entornos urbanos decadentes o futuros distópicos que sirven como espejo de la sociedad española de la Transición.

En resumen, la Colección Rambla es el testimonio gráfico de una era en la que el cómic en España reclamó su lugar como "noveno arte"

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