Publicada por Dynamite Entertainment, la miniserie *El Llanero Solitario y el Zorro: La muerte del Zorro* representa uno de los cruces más significativos y ambiciosos en la historia del cómic de temática *western* y *pulp*. Escrita por Ande Parks e ilustrada por Esteve Polls, esta obra no se limita a ser un simple ejercicio de nostalgia o un encuentro forzado entre dos iconos, sino que se construye como un relato crepuscular que explora el peso del legado, la justicia y el paso del tiempo en una frontera que se transforma rápidamente.
La trama se sitúa cronológicamente en una etapa avanzada de la vida de Diego de la Vega. El legendario Zorro es ahora un hombre mayor, cuya agilidad física ha mermado, pero cuya determinación y astucia permanecen intactas. La historia nos traslada a una California que está dejando atrás su pasado colonial para integrarse en una estructura política y social diferente, marcada por la corrupción y la ambición de nuevos poderes. En este contexto, un coronel despiadado y sus tropas ejercen un control tiránico sobre los habitantes locales, utilizando el miedo y la fuerza para consolidar su dominio sobre la tierra.
Paralelamente, el Llanero Solitario (John Reid) y su inseparable compañero Toro (Tonto) se encuentran viajando hacia el oeste. Su camino los lleva hasta el territorio donde la leyenda del Zorro aún resuena en los susurros de los oprimidos. El encuentro entre ambos héroes no es inmediato ni carente de fricciones; Parks maneja con maestría el contraste entre sus métodos y filosofías. Mientras que el Llanero Solitario representa una justicia más reglamentada y ligada a la moralidad del Texas Ranger, el Zorro es el producto de una resistencia más visceral y clandestina contra la aristocracia y el militarismo corrupto.
El motor de la narrativa se activa cuando el Llanero Solitario y Toro presencian las injusticias cometidas por las fuerzas del coronel. Al investigar, sus caminos se cruzan con los de un Diego de la Vega que, a pesar de su edad, se ve obligado a vestir una vez más la máscara y la capa para proteger a su pueblo. La dinámica que se establece entre los tres personajes es el núcleo emocional de la obra: el respeto mutuo que nace entre dos leyendas que, aunque pertenecen a generaciones y contextos culturales distintos, comparten el mismo código inquebrantable de proteger al indefenso.
El guion de Ande Parks destaca por su tono sobrio y realista. No hay espacio para el humor ligero o las situaciones inverosímiles; la violencia es cruda y las consecuencias de los actos de los protagonistas son tangibles. El título de la obra, *La muerte del Zorro*, planea sobre cada página como una sombra inevitable, dotando a la lectura de una tensión constante y una melancolía que impregna tanto los diálogos como las secuencias de acción. Se plantea la pregunta de qué sucede cuando el símbolo sobrevive al hombre y si un héroe puede permitirse un final en paz.
En el apartado visual, Esteve Polls realiza un trabajo excepcional que captura la esencia del género. Su estilo, detallado y con un uso magistral de las sombras, evoca la atmósfera de los clásicos del cine de John Ford o Sergio Leone. Polls logra diferenciar claramente la fisonomía de un Zorro envejecido, cuyos movimientos denotan el esfuerzo y el dolor, frente a la vitalidad más contenida del Llanero Solitario. Los paisajes de California, desde las misiones hasta los desiertos áridos, están representados con una fidelidad que sumerge al lector en la época.
*El Llanero Solitario y el Zorro: La muerte del Zorro* es, en definitiva, una obra fundamental para los seguidores de ambos personajes. Logra la difícil tarea de cerrar un ciclo para una de las figuras más importantes de la literatura popular