Doctor Who – El Duodecimo Doctor Año2

La etapa de Titan Comics dedicada a la undécima encarnación del Señor del Tiempo alcanzó uno de sus puntos álgidos con la llegada de "Doctor Who: El Duodécimo Doctor Año 2". Bajo la batuta del guionista Robbie Morrison y el arte principal de Rachael Stott, esta serie de cómics no solo captura la esencia de la era de Peter Capaldi en televisión, sino que expande su mitología con una ambición visual y narrativa que a menudo supera las limitaciones presupuestarias de la pantalla pequeña.

Este segundo año se sitúa cronológicamente en un punto de gran madurez para el Doctor y su inseparable compañera, Clara Oswald. Tras los eventos que definieron su dinámica inicial, nos encontramos con un Doctor que ha abrazado su faceta de "rebelde con causa", luciendo su icónica chaqueta de terciopelo y su guitarra eléctrica, mientras mantiene ese aire de profesor cínico pero profundamente humanista. La narrativa de este volumen se estructura en varios arcos argumentales interconectados que exploran géneros que van desde el horror gótico hasta la sátira de ciencia ficción meta-referencial.

El primer gran arco, titulado "La escuela de la muerte", supone un regreso triunfal para uno de los enemigos clásicos de la serie: los Demonios del Mar (Sea Devils). La historia traslada al Doctor y a Clara a una remota isla escocesa, donde una escuela de élite oculta secretos ancestrales bajo las aguas gélidas del Atlántico. Morrison utiliza este escenario para rendir homenaje a la era de Jon Pertwee, pero con la mordacidad característica del Duodécimo Doctor. La trama destaca por su atmósfera opresiva y por cómo utiliza la biología de los villanos para plantear un conflicto de escala global.

Posteriormente, el cómic se adentra en terrenos más experimentales con "La cuarta pared". En esta sección, el Doctor y Clara se ven atrapados en una aventura que involucra a los Cybermen en un contexto histórico inusual: la Francia del siglo XVIII. Sin embargo, el giro radica en cómo la historia juega con la percepción de la realidad y los medios de comunicación, introduciendo elementos que cuestionan la naturaleza de las historias que consumimos. Es aquí donde el arte de Rachael Stott brilla con especial intensidad, logrando capturar la expresividad facial de Capaldi —sus famosas "cejas de ataque"— con una precisión asombrosa, a la vez que diseña paisajes tecnológicos que contrastan con la estética de época.

Uno de los puntos más refrescantes de este "Año 2" es la introducción de Hattie Munroe, una joven punk de los años 70 que se une temporalmente a la TARDIS. Su presencia aporta una dinámica nueva, permitiendo ver al Doctor desde la perspectiva de alguien que no está acostumbrada a sus excentricidades, lo que genera un contraste interesante con la ya veterana Clara. Juntos se enfrentan a "The Twist", una amenaza alienígena que utiliza la música y la cultura pop como vector de invasión, permitiendo que el cómic explore la pasión del Doctor por el rock and roll.

En términos de guion, Robbie Morrison demuestra un oído absoluto para el diálogo del Duodécimo Doctor. Sus réplicas son rápidas, cargadas de un humor seco y una autoridad intelectual que define perfectamente al personaje. Por su parte, el apartado gráfico no se queda atrás. La narrativa visual es dinámica, con composiciones de página que rompen la estructura tradicional cuando la trama lo requiere, especialmente en las secuencias de viajes a través del vórtice temporal o dentro de dimensiones digitales.

"Doctor Who: El Duodécimo Doctor Año 2" es, en definitiva, una obra esencial para los seguidores de la franquicia. Logra el equilibrio perfecto entre el respeto al canon televisivo y la libertad creativa que ofrece el medio del cómic. No se limita a ser un producto derivado, sino que construye una identidad propia, profundizando en la psicología de un Doctor que, a pesar de su exterior hosco, sigue siendo el hombre que salva mundos por el simple placer de ver cómo funcionan las cosas. Es una exploración de la identidad, la responsabilidad y la maravilla de un universo infinito, plasmada en viñetas con una energía inagotable.

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