The Cryptics, creada por el guionista Steve Niles y el artista Benjamin Roman, es una propuesta inusual dentro del panorama del cómic estadounidense que fusiona el terror clásico con la estética del humor suburbano y la dinámica de las pandillas infantiles. Publicada originalmente por Image Comics, esta obra se aleja del tono visceral y sombrío que caracteriza otros trabajos de Niles (como *30 Days of Night*) para adentrarse en una sátira social protagonizada por versiones infantiles de los monstruos más icónicos de la cultura popular.
La premisa de la obra nos sitúa en un entorno residencial aparentemente normal, un suburbio que sirve de telón de fondo para las andanzas de un grupo de niños que son, literalmente, monstruos. El elenco principal está compuesto por Drac, Wolfy, Sea-Boy y Franky, quienes representan las versiones juveniles de Drácula, el Hombre Lobo, la Criatura de la Laguna Negra y el monstruo de Frankenstein, respectivamente. Acompañándolos se encuentra Jackie, una niña humana que actúa como el nexo de unión entre el mundo de los monstruos y la realidad cotidiana de la infancia.
A diferencia de las narrativas de terror tradicionales donde estas criaturas son amenazas para la humanidad, en *The Cryptics* el conflicto reside en la cotidianidad. Los protagonistas no buscan sembrar el caos por maldad intrínseca, sino que intentan navegar las dificultades propias de la niñez: el aburrimiento, la rivalidad con otros grupos de niños, las travesuras vecinales y la búsqueda de identidad. La genialidad del guion de Niles radica en cómo subvierte los tropos del género; aquí, las habilidades sobrenaturales de los personajes se utilizan para resolver problemas mundanos o, más frecuentemente, para meterse en líos absurdos.
El apartado visual de Benjamin Roman es fundamental para definir la identidad del cómic. Su estilo se aleja del realismo para adoptar una estética influenciada por el movimiento del "Urban Vinyl" y los juguetes de diseño. Los personajes tienen proporciones exageradas, con cabezas grandes y cuerpos pequeños, lo que les otorga una apariencia adorable pero inquietante a la vez. Este contraste visual refuerza el tono de comedia negra de la serie: son monstruos capaces de actos oscuros, pero atrapados en cuerpos de niños cabezones que viven en casas de colores pastel. El uso de líneas limpias y una narrativa visual dinámica permite que el humor físico fluya con naturalidad.
En cuanto a la estructura narrativa, *The Cryptics* se presenta a menudo de forma episódica, permitiendo que cada historia explore una faceta distinta de este vecindario sobrenatural. No obstante, existe una cohesión temática clara: la alienación. A pesar de su apariencia, los protagonistas enfrentan los mismos miedos que cualquier niño: el rechazo, la incomprensión de los adultos y la necesidad de pertenencia. La dinámica de grupo es el corazón de la obra; cada miembro aporta una personalidad distinta que equilibra al equipo. Drac suele ser el egocéntrico y líder autoproclamado, Wolfy aporta la energía hiperactiva, Sea-Boy la timidez y Franky la fuerza bruta pero bondadosa.
El cómic también funciona como un homenaje y, al mismo tiempo, una deconstrucción de los Monstruos de la Universal. Niles y Roman logran que estos personajes, que han sido explotados hasta el cansancio en el cine y la literatura, se sientan frescos y relevantes bajo una nueva luz. No se trata de una parodia simplista, sino de una reimaginación que respeta la esencia de los mitos originales mientras los sitúa en un contexto de "sitcom" macabra.
En resumen, *The Cryptics* es una obra que destaca por su originalidad visual y su capacidad para mezclar géneros aparentemente opuestos. Es una lectura que apela tanto al aficionado al terror que busca una visión diferente de sus iconos favoritos, como al lector de cómics independientes que aprecia un arte distintivo y un humor inteligente. Sin recurrir a la violencia gráfica, logra capturar una atmósfera de extrañeza que define perfectamente lo que significa ser un "monstruo" en un mundo diseñado para la normalidad. Es una exploración de la infancia desde el lado oscuro del jardín, donde los colmillos y las escamas son solo una parte más de crecer.