Atomic Robo, creada por el guionista Brian Clevinger y el dibujante Scott Wegener, es una de las obras más singulares y consistentes del cómic independiente estadounidense de las últimas dos décadas. Publicada originalmente bajo el sello Red 5 Comics y posteriormente de forma independiente y a través de IDW, la serie se aleja de los tropos convencionales del género de superhéroes para abrazar una amalgama de ciencia ficción, aventuras históricas y comedia procedimental.
La premisa se centra en la figura de Atomic Robo Tesla, una inteligencia automática con autoconciencia plena, construida por el mismísimo Nikola Tesla en 1923. A diferencia de otros robots de la ficción que buscan desesperadamente comprender la humanidad o adquirir emociones, Robo nace con una personalidad plenamente formada: es sarcástico, pragmático, ético y posee un entusiasmo inquebrantable por el método científico. Tras la muerte de su creador, Robo funda Tesladyne Industries, una organización dedicada a la "Ciencia de Acción" (Action Science), cuya misión es investigar anomalías extrañas, defender a la humanidad de amenazas paranormales y avanzar en el conocimiento tecnológico, siempre bajo la premisa de que la ciencia es una herramienta activa y, a menudo, física.
Uno de los pilares fundamentales de la serie es su estructura narrativa no lineal. En lugar de seguir una cronología estricta, cada volumen o arco argumental funciona como una cápsula temporal autoconclusiva que explora diferentes décadas de la larga vida de Robo. El lector puede saltar de una misión de espionaje en la Segunda Guerra Mundial a una crisis de contención de energía en los años 70, o a una expedición de investigación en el presente. Esta fragmentación temporal permite a los autores jugar con diversos subgéneros: desde el terror cósmico inspirado en Lovecraft y el cine de serie B de los años 50, hasta el tecno-thriller moderno y las historias de aventuras pulp.
El concepto de Ciencia de Acción define el tono de la obra. Los miembros de Tesladyne no son simples académicos; son científicos de campo capaces de enfrentarse a amenazas que van desde dinosaurios inteligentes con delirios de grandeza hasta inteligencias artificiales renegadas y experimentos nazis que desafían las leyes de la física. A pesar de lo absurdo de sus antagonistas —como el recurrente y delirante Dr. Dinosaur—, el cómic mantiene una coherencia interna rigurosa. La resolución de los conflictos suele depender más del ingenio científico y la lógica que de la fuerza bruta, aunque las secuencias de acción son constantes y están coreografiadas con gran dinamismo.
En el apartado visual, el trabajo de Scott Wegener es esencial para la identidad del cómic. Su estilo se caracteriza por una economía de líneas limpia, una narrativa visual clara y un diseño de personajes altamente expresivo. A pesar de que el protagonista tiene un rostro metálico estático, Wegener logra dotar a Robo de una enorme gama de emociones a través del lenguaje corporal y el uso experto de las pausas narrativas. El diseño de Robo, inspirado en la estética retrofuturista, es icónico por su simplicidad, lo que facilita su integración en cualquier contexto histórico sin que resulte anacrónico para el tono de la historia.
Otro elemento distintivo es el humor. Los diálogos de Clevinger son rápidos y cargados de ingenio, apoyándose frecuentemente en el contraste entre la seriedad de las amenazas y la actitud imperturbable de Robo. La serie evita la exposición densa; en su lugar, utiliza la interacción entre los personajes para explicar conceptos complejos, manteniendo siempre un ritmo ágil que no subestima la inteligencia del lector.
En resumen, *Atomic Robo* es una celebración del pensamiento racional y la aventura clásica. Es un cómic que logra equilibrar el rigor de la ciencia ficción con la ligereza del entretenimiento puro, construyendo un universo vasto y rico sin la necesidad de recurrir a *reboots* o continuidades farragosas. Es, en esencia, la crónica de una vida artificial dedicada a proteger un mundo que es, por definición, mucho más extraño de lo que la ciencia convencional está dispuesta a admitir.