Muchachas

Muchachas, la obra de Anabel Colazo publicada por Ediciones La Cúpula, se erige como un ejercicio de introspección y costumbrismo que consolida a su autora como una de las voces más lúcidas del panorama del cómic contemporáneo en España. Tras explorar el misterio y lo paranormal en obras previas como *Encuentros cercanos* o *El cristal imposible*, Colazo da un giro hacia el realismo más puro, despojándose de artificios fantásticos para centrarse en la complejidad de las relaciones humanas y el peso del tiempo.

La premisa de la obra es, en apariencia, sencilla: un grupo de amigas que rondan la treintena se reúne para pasar unos días juntas en una casa de campo. Este escenario, aislado del ruido cotidiano y de las obligaciones externas, funciona como un crisol donde las dinámicas de grupo, las tensiones latentes y los afectos se manifiestan de forma orgánica. No hay una trama de acción trepidante ni giros de guion efectistas; el motor de la narrativa es la conversación, el silencio compartido y la observación minuciosa de los vínculos que se transforman con el paso de los años.

Desde una perspectiva experta, lo que hace que *Muchachas* destaque es su capacidad para capturar la "post-adolescencia" o esa entrada definitiva en la madurez donde las expectativas de juventud chocan con la realidad del presente. Colazo disecciona con precisión quirúrgica cómo la amistad, a menudo idealizada, requiere de un mantenimiento constante y cómo el pasado común de las protagonistas actúa tanto de pegamento como de barrera. A través de diálogos que fluyen con una naturalidad asombrosa, la autora aborda temas como la precariedad vital, la incertidumbre laboral, la maternidad (o la ausencia de ella) y la búsqueda de una identidad propia fuera del núcleo del grupo.

En el apartado visual, Anabel Colazo demuestra una madurez técnica envidiable. Su estilo, caracterizado por una línea clara y limpia, se pone aquí al servicio de la expresividad facial y el lenguaje corporal. En un cómic donde lo que no se dice es tan importante como lo que se verbaliza, la capacidad de la autora para transmitir emociones a través de una mirada o un gesto mínimo es fundamental. El diseño de personajes es distintivo, permitiendo que cada una de las "muchachas" posea una personalidad visual definida que refuerza su rol dentro de la historia.

El uso del color merece una mención aparte. Colazo emplea una paleta cromática cuidadosamente seleccionada que no solo ambienta el entorno rural y estival, sino que también marca el tono emocional de cada secuencia. Las transiciones entre la luz del día y la intimidad de la noche están resueltas con una sensibilidad que sumerge al lector en la atmósfera de la casa, convirtiendo el espacio físico en un personaje más de la trama. La composición de página es fluida, alternando momentos de pausa contemplativa con secuencias de diálogo ágil, lo que dota a la lectura de un ritmo pausado pero constante, similar al de un reencuentro real.

*Muchachas* no busca ofrecer respuestas definitivas ni lecciones de vida morales. Su valor reside en la honestidad de su retrato generacional. Es una obra que apela a la empatía del lector, invitándole a reflejarse en las dudas y pequeñas victorias de sus protagonistas. Al prescindir de spoilers, basta decir que el cierre de la obra no pretende ser un punto final, sino más bien un punto y seguido en la vida de estas mujeres, dejando una sensación de melancolía luminosa.

En definitiva, este cómic es una pieza esencial para entender el nuevo costumbrismo gráfico español. Anabel Colazo logra convertir lo cotidiano en algo extraordinario, demostrando que no se necesitan elementos sobrenaturales para narrar una historia profunda y conmovedora. Es una lectura obligatoria para quienes busquen un cómic que priorice el desarrollo de personajes y la autenticidad emocional por encima de cualquier otra convención narrativa.

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