Jerry Spring

Jerry Spring, creada por el polifacético artista belga Joseph Gillain, más conocido como Jijé, representa el punto de inflexión definitivo para el género del *western* dentro de la historieta franco-belga. Publicada por primera vez en 1954 en las páginas de la revista *Spirou*, esta obra no solo rompió con la tradición de los vaqueros caricaturescos de la época, sino que sentó las bases estéticas y narrativas de lo que hoy conocemos como el realismo en el cómic europeo de aventuras.

La serie sigue las andanzas de Jerry Spring, un hombre íntegro, de moral inquebrantable y una habilidad excepcional con el revólver, aunque su rasgo más distintivo es su reticencia a utilizar la violencia de manera gratuita. A diferencia de otros héroes de la época, Spring no es un justiciero errante motivado por la venganza, sino un defensor de la ley y la justicia que a menudo actúa como mediador en conflictos fronterizos. Su carácter es el de un humanista en un entorno salvaje; un hombre que prefiere el diálogo y la diplomacia antes que el derramamiento de sangre, lo que le otorga una profundidad psicológica inusual para el contexto editorial de los años cincuenta.

El escenario de sus aventuras es el Oeste americano en su estado más puro y descarnado. Las tramas de Jijé se alejan de los clichés maniqueos del cine de Hollywood clásico para ofrecer una visión más matizada de la frontera. Jerry Spring se enfrenta a cuatreros, bandidos y especuladores de tierras, pero también se ve envuelto en complejas situaciones sociales. Uno de los mayores logros de la serie es el tratamiento de los pueblos nativos americanos. Lejos de ser presentados como salvajes unidimensionales, los apaches, navajos y otras tribus son retratados con dignidad, respeto por sus costumbres y, a menudo, como víctimas de la expansión colonial y la codicia del hombre blanco.

En su periplo, Jerry Spring no está solo. Pronto se le une Pancho, un mexicano de aspecto bonachón y gran corazón que sirve como contrapunto perfecto al protagonista. Aunque inicialmente Pancho podía rozar ciertos estereotipos cómicos, Jijé supo evolucionar al personaje hasta convertirlo en un compañero leal, valiente y fundamental para el desarrollo de las historias, estableciendo una dinámica de amistad que se convertiría en un estándar del género.

Desde el punto de vista técnico, *Jerry Spring* es una lección magistral de dibujo. Jijé, considerado el maestro de maestros (mentor de figuras como Jean Giraud y Hermann), despliega un dominio absoluto del pincel y la plumilla. Su estilo se caracteriza por un uso magistral del claroscuro y una capacidad asombrosa para capturar el movimiento y la anatomía, tanto humana como equina. Los paisajes no son meros fondos; las llanuras áridas, los cañones rocosos y los cielos inmensos del suroeste de Estados Unidos cobran vida gracias a un entintado vibrante y atmosférico que transporta al lector directamente al corazón de la frontera.

La importancia histórica de esta obra es incalculable. Fue en un álbum de *Jerry Spring*, concretamente en *La ruta de Coronado*, donde un joven Jean Giraud colaboró con Jijé antes de crear su propia obra maestra, *Blueberry*. Sin la influencia técnica y la ruptura temática que supuso Jerry Spring, el *western* europeo no habría alcanzado las cotas de madurez y realismo que lo definieron en las décadas posteriores.

En resumen, *Jerry Spring* es mucho más que una serie de aventuras de vaqueros. Es un monumento al dibujo clásico, una obra pionera en la representación social y cultural del Oeste y el testimonio del talento de un autor que entendió que el cómic podía ser, al mismo tiempo, un entretenimiento de masas y una forma de arte sofisticada. Leer *Jerry Spring* hoy en día sigue siendo una experiencia refrescante, no por nostalgia, sino por la vigencia de su narrativa visual y la nobleza de su propuesta ética. Es la esencia del género destilada en viñetas de una belleza plástica insuperable.

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