Publicado originalmente en Japón a finales de los años 80, *K* es una de las obras más representativas y técnicamente depuradas de la colaboración entre el guionista Shiro Tosaki y el legendario dibujante Jiro Taniguchi. Este título se erige como un pilar fundamental dentro del género del manga de montaña y el *gekiga* de corte realista, ofreciendo una visión cruda, majestuosa y profundamente psicológica del alpinismo de élite. La obra no solo es un despliegue de pericia técnica sobre la escalada, sino también un estudio sobre la resistencia humana frente a la indiferencia de la naturaleza.
La narrativa se articula en torno a una figura enigmática conocida simplemente como «K». Este protagonista es un escalador japonés que vive de manera casi ascética en las faldas del Himalaya, alejado de los circuitos comerciales y de la fama que suele rodear a los grandes alpinistas. K es un hombre de pocas palabras, cuya existencia parece estar intrínsecamente ligada a las cumbres más altas del planeta. Su reputación, sin embargo, es legendaria entre los círculos de expertos: se le considera el mejor escalador del mundo, capaz de realizar ascensiones que otros consideran imposibles o suicidas.
El cómic se estructura de forma episódica, presentando cinco relatos autoconclusivos que llevan al lector a través de algunos de los picos más emblemáticos y peligrosos de la Tierra, como el Everest, el K2 y el Makalu. En cada una de estas historias, K es solicitado —a menudo de forma desesperada— para llevar a cabo misiones de rescate o para recuperar cuerpos en zonas donde nadie más se atreve a aventurarse. A través de estos encargos, la trama explora no solo el desafío físico, sino también los dilemas éticos, las tragedias personales y los secretos que los personajes secundarios arrastran hasta las alturas.
Uno de los aspectos más destacados de *K* es su rigor técnico. Tosaki y Taniguchi se alejan de la espectacularidad vacía para centrarse en la realidad del alpinismo: el uso de piolets, la gestión del oxígeno, la lectura de las grietas en el hielo y la importancia crítica de la meteorología. Cada ascenso está narrado con una precisión casi documental, lo que permite al lector comprender la magnitud del esfuerzo y el peligro constante de la hipoxia o las avalanchas. La montaña no es presentada como un villano, sino como una entidad colosal y neutral que no perdona errores.
Visualmente, el trabajo de Jiro Taniguchi en este cómic es soberbio. Su estilo, caracterizado por una línea limpia y un nivel de detalle obsesivo, alcanza aquí cotas de excelencia en la representación de los paisajes. Las dobles páginas dedicadas a las cordilleras del Karakórum o el Himalaya son sobrecogedoras, logrando transmitir la sensación de aislamiento y la escala abrumadora de los «ochomiles». El dibujo logra que el lector sienta el frío y la falta de aire, utilizando el espacio en blanco de la página para representar la nieve y el vacío de manera magistral.
A nivel temático, *K* profundiza en la filosofía del alpinista. ¿Por qué escalar? ¿Qué busca el ser humano en un entorno que le es hostil? El protagonista encarna una respuesta estoica: la escalada es una forma de pureza, un enfrentamiento directo con la propia mortalidad donde no hay lugar para el engaño. A pesar de su aparente frialdad, K demuestra una profunda humanidad y un respeto sagrado por la montaña y por aquellos que han caído en ella.
En resumen, *K* es una obra imprescindible para cualquier entusiasta del cómic que busque una narrativa madura y visualmente impactante. Es un testimonio del talento de Taniguchi para capturar la introspección humana y la belleza sublime del mundo natural. Sin necesidad de artificios ni giros de guion innecesarios, el cómic logra mantener una tensión constante, convirtiendo cada paso hacia la cima en una experiencia de lectura inmersiva y trascendental. Es, en última instancia, un homenaje al espíritu de superación y al silencio de las altas cumbres.