big xmas trilogy

Miguel Ángel Martín es, sin lugar a dudas, una de las voces más singulares, provocadoras y coherentes del panorama del cómic europeo contemporáneo. Su obra "Big Xmas Trilogy" no es solo una recopilación de relatos, sino un manifiesto estético y filosófico que condensa las obsesiones de un autor que ha hecho de la frialdad clínica y el minimalismo visual su seña de identidad. Esta trilogía, que reúne las obras *The Space Between*, *Playroom* y *Bug*, funciona como un tríptico sobre la deshumanización, la tecnología y la mutación de los afectos en una sociedad hiperconectada pero emocionalmente estéril.

Desde el punto de vista visual, "Big Xmas Trilogy" es un ejercicio de purismo formal. Martín emplea una línea clara extremadamente depurada, heredera de la tradición franco-belga pero despojada de cualquier rastro de calidez o nostalgia. Sus composiciones son asépticas, con un uso del espacio en blanco que acentúa la sensación de aislamiento de los personajes. Los entornos que dibuja —habitaciones de hotel, laboratorios, apartamentos minimalistas— carecen de ornamentación, lo que obliga al lector a centrarse exclusivamente en la interacción (o la falta de ella) entre los cuerpos. Esta economía de medios no es una carencia, sino una herramienta narrativa precisa: la limpieza del trazo contrasta violentamente con la crudeza de los temas tratados, creando una disonancia cognitiva que es la marca de la casa del autor leonés.

La primera parte de la trilogía, "The Space Between", establece el tono de la obra. Aquí, Martín explora la alienación urbana y la mediación tecnológica en las relaciones personales. Los personajes se mueven en un mundo donde el contacto físico parece haber sido sustituido por protocolos de observación y fetiches tecnológicos. Es un estudio sobre la soledad en la era de la comunicación total, donde el "espacio intermedio" al que alude el título no es solo físico, sino una brecha insalvable entre las conciencias de los individuos.

En "Playroom", el autor traslada su mirada hacia la infancia y la adolescencia, pero lo hace lejos de cualquier visión idealizada. En este segmento, la "sala de juegos" se convierte en un laboratorio social donde la crueldad y la curiosidad se manifiestan sin el filtro de la moralidad convencional. Martín analiza cómo el entorno tecnológico y la ausencia de referentes emocionales sólidos moldean una nueva generación que procesa la violencia y el sexo de manera puramente analítica, casi mecánica. Es, posiblemente, el capítulo más inquietante de la trilogía por su capacidad para retratar la amoralidad desde una perspectiva puramente descriptiva, sin juicios de valor por parte del narrador.

Finalmente, "Bug" cierra la obra adentrándose en los terrenos del horror biológico y el transhumanismo. El concepto de "bug" (error de software) se traslada a lo orgánico. Aquí, la carne y la máquina se entrelazan en una danza de mutaciones que cuestiona los límites de lo humano. Siguiendo la estela de la "Nueva Carne" de cineastas como David Cronenberg, Martín explora cómo el cuerpo se adapta y se deforma ante los avances de la técnica y la biotecnología. El error, el fallo en el sistema, se convierte en la única vía de escape o de evolución en un mundo rígidamente programado.

Temáticamente, "Big Xmas Trilogy" es una obra premonitoria. Aunque fue concebida hace décadas, su análisis sobre la fragmentación de la identidad, el aislamiento

Deja un comentario