Haggarth es una de las obras cumbres de la fantasía heroica europea, fruto del genio creativo y técnico del dibujante asturiano Víctor de la Fuente. Publicada originalmente a finales de la década de los 70 y principios de los 80, principalmente en la revista francesa *À Suivre* y posteriormente en la española *Comix Internacional*, esta obra representa la madurez absoluta de un autor que ya era una leyenda del noveno arte. La serie se aleja de los convencionalismos del género de "espada y brujería" más comercial para adentrarse en una narrativa densa, visualmente apabullante y cargada de un simbolismo que trasciende la mera aventura.
La trama se centra en el personaje que da nombre al cómic, Haggarth, un hombre que se ve arrastrado a una odisea metafísica y física tras un encuentro fortuito con una entidad ciega y ancestral. A diferencia de otros héroes del género, Haggarth no busca la gloria, el oro o el poder por voluntad propia; es un hombre marcado por un destino que no comprende del todo, un peón en un juego de fuerzas cósmicas y divinas que lo superan. La historia comienza con una transformación: Haggarth recibe el don (o la maldición) de la visión y la fuerza a través de un pacto místico, lo que lo obliga a vagar por un mundo hostil, onírico y brutal en busca de respuestas y de su propia identidad.
Desde el punto de vista narrativo, Víctor de la Fuente construye un relato donde el silencio y la introspección tienen tanto peso como las secuencias de acción. El guion evita las explicaciones excesivas, permitiendo que sea el lector quien reconstruya la mitología de este mundo a través de los diálogos crípticos y, sobre todo, de la puesta en escena. No es un cómic de lectura rápida; exige atención para captar los matices de una trama que se mueve entre la realidad tangible de la guerra y la abstracción de los sueños y las profecías.
El apartado gráfico es, sin lugar a dudas, el pilar fundamental de *Haggarth*. Víctor de la Fuente es reconocido mundialmente por su dominio de la anatomía humana y animal, así como por su capacidad para dotar de movimiento a la viñeta. En esta obra, su estilo alcanza una sofisticación técnica inigualable. El uso del blanco y negro es magistral, empleando un rayado fino y preciso que genera texturas orgánicas: la rugosidad de las rocas, el pelaje de las bestias, la pesadez de las armaduras y la fluidez del agua o la sangre. Sus composiciones de página rompen a menudo la estructura clásica para guiar el ojo del lector a través de paisajes vastos y desoladores que subrayan la pequeñez del hombre frente a la naturaleza y los dioses.
Un elemento distintivo de *Haggarth* es el tratamiento de la violencia y el erotismo. Lejos de ser gratuitos, ambos elementos están integrados en la crudeza del mundo que De la Fuente retrata. La violencia es seca, impactante y coreografiada con una precisión casi cinematográfica, mientras que el diseño de personajes huye de los estereotipos hipermusculados para ofrecer figuras que transmiten una fuerza real, basada en la tensión muscular y la expresividad facial.
La obra se divide estructuralmente en varias etapas o álbumes, aunque el fallecimiento del autor dejó la historia con una sensación de ciclo abierto, lo que curiosamente refuerza el aura de leyenda inacabada que rodea al personaje. *Haggarth* no es solo un cómic sobre un guerrero; es una exploración sobre la predestinación, el peso de la herencia y la lucha del individuo contra fuerzas que escapan a su control.
En resumen, *Haggarth* se sitúa en la cúspide del cómic de autor de su época. Es una pieza indispensable para entender la evolución de la fantasía adulta, donde la maestría en el dibujo se pone al servicio de una historia ambiciosa que rechaza los finales fáciles. Para el lector contemporáneo, supone un encuentro con el arte puro de Víctor de la Fuente, un autor que entendía el cómic como un medio capaz de alcanzar la épica de las grandes tragedias clásicas a través de la tinta y el papel. Es, en esencia, un testamento visual de uno de los mejores dibujantes que ha dado la historieta española.