Publicada originalmente por IDW Publishing en 2010, "5 Days to Die" es una miniserie de cinco números que se sitúa como una de las propuestas más crudas y compactas dentro del género del *thriller* policial y el *noir* contemporáneo. Escrita por Andy Schmidt y con el arte atmosférico de Chee, la obra se aleja de los tropos heroicos convencionales para ofrecer una narrativa visceral sobre la mortalidad, la venganza y la redención en circunstancias extremas.
La premisa de la historia es tan directa como devastadora. El protagonista es Ray Parker, un detective de policía cuya vida se fragmenta tras un brutal accidente de coche. Las consecuencias son catastróficas: su esposa muere en el impacto y su hija queda en un estado de coma profundo, luchando por su vida en un hospital. Sin embargo, el giro narrativo que define la obra es el diagnóstico médico del propio Ray. Debido a una lesión cerebral traumática e inoperable, los médicos le informan que su cerebro dejará de funcionar en un plazo máximo de cinco días. No hay tratamiento, no hay milagros; solo una cuenta atrás irreversible hacia una muerte segura.
A partir de este punto, el cómic se estructura meticulosamente siguiendo el paso de esos cinco días, dedicando cada número de la serie a una jornada específica. Ray Parker, consciente de que no tiene nada que perder y que su tiempo se agota por segundos, decide no pasar sus últimas horas en una cama de hospital. En su lugar, se embarca en una misión suicida para cerrar el caso más importante de su carrera y, de paso, descubrir la verdad detrás del accidente que destruyó a su familia.
El antagonista principal de la trama es Simeon Volkov, un peligroso jefe del crimen organizado al que Ray ha estado persiguiendo durante años. La obsesión del detective por Volkov se intensifica cuando empieza a sospechar que el accidente no fue una casualidad, sino un atentado deliberado. Esta persecución se convierte en el motor de la historia, transformando a Ray en una fuerza de la naturaleza imparable. Al saberse un hombre muerto, Parker ignora los protocolos policiales, la ética profesional y su propio dolor físico, convirtiéndose en un vigilante desesperado que busca justicia —o quizás simplemente equilibrio— antes de que su luz se apague.
El guion de Andy Schmidt destaca por su ritmo implacable. Al utilizar el recurso del "reloj de arena", la tensión aumenta de forma exponencial en cada página