RG, la obra gestada por la colaboración entre el dibujante suizo Frederik Peeters y el guionista francés bajo el seudónimo de Pierre Dragon, representa uno de los hitos más significativos del género policial y el "docu-cómic" de la última década. Publicada originalmente en dos volúmenes (*Riyad-sur-Seine* y *Bangkok-Belleville*), la serie se aleja de los tropos convencionales del espionaje cinematográfico para ofrecer un retrato descarnado, burocrático y profundamente humano de los servicios de inteligencia franceses.
La premisa de la obra nace de una base de realidad inusual: Pierre Dragon es el nombre ficticio de un agente real de los Renseignements Généraux (RG), el servicio de información de la policía francesa. Esta autenticidad impregna cada página, transformando el cómic en una crónica detallada de los procedimientos, las esperas interminables y la ambigüedad moral que definen el trabajo de campo en la lucha contra el terrorismo y el crimen organizado.
El protagonista, que comparte nombre con el guionista, es un agente veterano cuya vida personal se desmorona bajo el peso de su profesión. No es un héroe de acción; es un funcionario del Estado que pasa más tiempo en cafeterías vigilando objetivos o redactando informes en oficinas grises que disparando armas. La narrativa se estructura en torno a casos específicos —el extremismo islámico en los suburbios de París y las redes de tráfico humano en el barrio de Belleville—, pero el verdadero foco de la obra es el procedimiento.
Desde el punto de vista narrativo, *RG* destaca por su ritmo. Peeters y Dragon logran capturar la tensión inherente a la vigilancia: el tedio de las horas muertas roto por breves instantes de adrenalina pura. No hay giros de guion artificiosos ni conspiraciones globales inverosímiles. El conflicto surge de la fricción entre la ley y la necesidad de obtener información, de la gestión de confidentes que a menudo son tan peligrosos como los objetivos, y de la dificultad de mantener la integridad ética en un entorno donde la mentira es la herramienta de trabajo principal.
Visualmente, el trabajo de Frederik Peeters es magistral. Conocido por su versatilidad en obras como *Píldoras Azules* o *Lupus*, aquí adopta un estilo que equilibra el realismo sucio con una expresividad vibrante. Su uso del blanco y negro (o de la paleta de colores sobria en ediciones posteriores) refuerza la atmósfera opresiva de la ciudad. Peeters tiene una capacidad única para dibujar rostros que transmiten cansancio, cinismo y una humanidad vulnerable. París no aparece como la ciudad de la luz, sino como un laberinto de apartamentos claustrofóbicos, calles lluviosas y comisarías desordenadas. El dibujo no solo ilustra la acción, sino que construye la psicología de los personajes a través de sus gestos y su lenguaje corporal.
Un aspecto fundamental de *RG* es su tratamiento de la geopolítica a pie de calle. La obra explora cómo los conflictos internacionales se reflejan en la micro-sociedad de los barrios parisinos. El lector asiste a la complejidad de las redes de captación, la financiación del terrorismo y las jerarquías de las mafias asiáticas, todo visto a través de los ojos de un hombre que debe navegar entre la burocracia judicial y la realidad de la calle.
En conclusión, *RG* es una pieza esencial para entender la evolución del cómic europeo contemporáneo hacia terrenos más maduros y documentales. Es una obra que exige atención y que recompensa al lector con una visión honesta, sin adornos, sobre lo que significa realmente proteger la seguridad nacional. Es, en esencia, un "polar" moderno que sustituye el glamour del espía por la fatiga del agente, convirtiendo la rutina policial en una experiencia narrativa fascinante y profundamente auténtica. La colaboración entre la experiencia vital de Dragon y el talento visual de Peeters da como resultado un cómic que se siente vivo, urgente y, por encima de todo, real.