El Víbora: Crónica del 'underground' y la supervivencia urbana
Fundada en diciembre de 1979 por Josep Maria Berenguer y editada por La Cúpula, *El Víbora* no fue simplemente una revista de historietas, sino el artefacto cultural que definió el concepto de "comix" (con 'x' de transgresión) en la España de la Transición. Bajo el lema "Comix para supervivientes", esta publicación mensual se convirtió en el refugio de la contracultura, el pensamiento marginal y una estética visceral que rompía drásticamente con la tradición del tebeo juvenil y la rigidez de la censura franquista recién superada.
El núcleo de *El Víbora* se cimentó en la denominada "línea chunga", una corriente artística caracterizada por un dibujo abigarrado, sucio y expresionista, que se oponía frontalmente a la pulcritud de la "línea clara" europea. A través de sus páginas, la revista ofreció un retrato hiperrealista y, a menudo, grotesco de la realidad urbana española, centrándose en las calles de Barcelona, los barrios marginales, el consumo de drogas, la libertad sexual y la delincuencia de baja estofa.
La nómina de autores que dieron forma a la identidad de la revista es fundamental para entender la evolución del cómic adulto en Europa. Figuras como Nazario, con su emblemática *Anarcoma*, exploraron la identidad de género y el submundo canalla con una crudeza inédita. Gallardo y Mediavilla aportaron la jerga de la calle y la picaresca moderna a través de *Makoki*, un personaje que se convirtió en icono de la rebeldía quinqui. Por su parte, Max evolucionó desde el underground más puro de *Gustavo* hacia la sofisticación narrativa de *Peter Pank*, demostrando que el formato permitía una profundidad intelectual y artística de primer orden. Otros nombres esenciales como Martí, con su estilo inspirado en Chester Gould para narrar la sordidez de *The Taxista*, o autores como Ceesepe, Roger e Isa, terminaron de configurar un ecosistema creativo heterogéneo pero cohesionado por su espíritu iconoclasta.
Estructuralmente, *El Víbora* funcionaba como una antología que combinaba series de continuidad con historias cortas y secciones de crítica cultural, música y correspondencia. Esta última sección era vital, pues generaba un sentido de comunidad entre lectores que se sentían fuera del sistema. Además de la producción nacional, la revista fue el principal vehículo de introducción en España de los grandes maestros del underground estadounidense y europeo. Gracias a la visión de Berenguer, el público español pudo acceder a las obras de Robert Crumb, Gilbert Shelton, Charles Burns, Peter Bagge o Tanino Liberatore, situando a la publicación en el epicentro de la vanguardia internacional.
A lo largo de sus más de 300 números y 25 años de existencia (cerrando su etapa regular en 2005), *El Víbora* supo adaptarse a los cambios sociales sin perder su esencia crítica. Si bien en sus inicios fue el altavoz de la libertad post-dictadura, en los años 90 se transformó para dar cabida a nuevas sensibilidades, el cómic alternativo y la autoficción, manteniendo siempre una postura política implícita: la defensa de lo individual frente a lo institucional.
En definitiva, *El Víbora* es el testimonio gráfico de una época de cambio. Su importancia radica en haber elevado el cómic a una categoría de análisis social y artístico capaz de incomodar al poder y de dar voz a las realidades que la prensa convencional prefería ignorar. No es solo una colección de historietas; es el archivo histórico de la cara B de la sociedad española, narrado con tinta, sudor y una honestidad brutal que sigue vigente décadas después de su nacimiento.