Archipel, la obra escrita e ilustrada por el autor francés Hansel (Hansel de Andrade) y publicada bajo el prestigioso sello Label 619 de Ankama Éditions, se erige como una de las propuestas más fascinantes de la ciencia ficción contemporánea en el ámbito de la *bande dessinée*. La obra nos sumerge en un escenario postapocalíptico donde la geografía del planeta ha sido radicalmente alterada por un ascenso masivo del nivel de los océanos, eliminando casi por completo cualquier rastro de tierra firme y obligando a la humanidad a reorganizarse en una existencia puramente acuática y vertical.
La trama se sitúa siglos después de este cataclismo global. La sociedad superviviente habita en el "Archipiélago", un complejo sistema de ciudades flotantes, plataformas oxidadas y estructuras precarias que se mantienen a flote mediante una ingeniería de reciclaje y desesperación. En este entorno, el espacio es el recurso más valioso y la jerarquía social está intrínsecamente ligada a la altitud y al acceso a la tecnología del "Viejo Mundo". La narrativa sigue los pasos de Kael, una joven que sobrevive en los estratos más bajos de esta sociedad, donde la vida depende de la capacidad para recuperar restos del pasado sumergido y de la obediencia a las estrictas leyes que rigen la flotabilidad y el consumo de recursos.
El conflicto motor de la obra se desencadena cuando Kael, movida por una curiosidad que desafía el dogma de su comunidad, comienza a cuestionar la historia oficial sobre el origen del Archipiélago y la naturaleza del mundo que yace bajo las aguas. La aparición de ciertos artefactos y anomalías en las corrientes marinas sugiere que la realidad de su aislamiento es mucho más compleja de lo que los líderes del Archipiélago permiten creer. Sin entrar en revelaciones que arruinen la experiencia, la historia se transforma en una odisea de descubrimiento que obliga a la protagonista a abandonar la relativa seguridad de su hogar para explorar los confines de un océano que es, a la vez, cementerio de la antigua civilización y cuna de una nueva y extraña ecología.
Desde el punto de vista artístico, Hansel despliega un dominio técnico excepcional que define la identidad de *Archipel*. Su estilo se caracteriza por un detallismo obsesivo en la representación de la maquinaria y las estructuras arquitectónicas, evocando una estética que bebe del *steampunk* pero se asienta firmemente en un realismo sucio y orgánico. La influencia de maestros como Moebius es evidente en la amplitud de sus paisajes y en la capacidad para crear mundos que se sienten habitados y desgastados por el tiempo. El diseño de producción del cómic es minucioso: cada tubería, cada parche en el metal y cada criatura marina está diseñada para contar la historia de un mundo que se niega a morir a pesar de la hostilidad del entorno.
El uso del color es otro pilar fundamental de la obra. Hansel emplea una paleta que oscila entre los tonos ocres y oxidados de las construcciones humanas y los azules profundos y verdes bioluminiscentes del océano. Esta dicotomía visual refuerza constantemente la tensión entre la fragilidad de la tecnología humana y la inmensidad indomable de la naturaleza. La narrativa visual es fluida, alternando con maestría entre secuencias de acción trepidante y momentos de contemplación silenciosa que permiten al lector absorber la melancolía y la escala del mundo propuesto.
Temáticamente, *Archipel* no es solo una aventura de supervivencia; es una reflexión sobre la memoria histórica, la adaptación ecológica y la tendencia humana a replicar sistemas de opresión incluso en las condiciones más extremas. La obra explora cómo el mito y la religión surgen para llenar los vacíos dejados por la pérdida del conocimiento científico, y cómo la búsqueda de la verdad puede ser el acto más subversivo en una sociedad construida sobre el miedo al abismo. En definitiva, se trata de una pieza de narrativa gráfica densa, visualmente sobrecogedora y conceptualmente ambiciosa que consolida a Hansel como una voz imprescindible