*Iron Siege* es una obra que se sitúa en la intersección exacta entre el horror visceral, el suspense sobrenatural y el drama bélico más crudo. Publicada originalmente por IDW Publishing, esta miniserie de tres números es el resultado de la colaboración creativa entre los guionistas James Abraham y Andrew Ritchie, con este último asumiendo también la responsabilidad del apartado gráfico. La obra destaca por alejarse de los tropos convencionales del género bélico para sumergirse en una pesadilla claustrofóbica donde el enemigo humano pasa a un segundo plano ante una amenaza incomprensible.
La trama nos traslada a los estertores de la Segunda Guerra Mundial, específicamente al gélido y desolador frente oriental. La historia comienza siguiendo a un pelotón de soldados estadounidenses que, tras verse separados de sus líneas y diezmados por el combate, buscan refugio en un remoto pueblo europeo. Sin embargo, lo que encuentran no es el alivio de un techo, sino un escenario de desolación que desafía la lógica militar. El pueblo parece haber sido el epicentro de una masacre que no encaja con las tácticas de tierra quemada de la época.
Al adentrarse en las ruinas, los estadounidenses se topan con un grupo de soldados alemanes. En cualquier otro contexto, este encuentro habría desencadenado un tiroteo inmediato y letal. No obstante, la hostilidad inicial se ve interrumpida por una revelación aterradora: ambos bandos están siendo cazados. Una tercera facción, que no responde a banderas ni a ideologías, acecha desde las sombras de los edificios derruidos. Se trata de una fuerza antigua y mecánica, una entidad de hierro y malevolencia que parece alimentarse del caos del conflicto humano.
El núcleo narrativo de *Iron Siege* se construye sobre la base de una tregua forzada por la supervivencia. El guion de Abraham y Ritchie explora con maestría la psicología de hombres que han sido entrenados para odiarse y matarse entre sí, pero que ahora deben confiar sus vidas al "enemigo" para tener una oportunidad contra un horror que no pueden comprender. Esta alianza incómoda es el motor de la tensión en el cómic; la desconfianza es palpable en cada diálogo y cada mirada, creando una atmósfera donde el lector nunca está seguro de si la tregua se romperá antes de que las criaturas de hierro logren su objetivo.
Visualmente, el trabajo de Andrew Ritchie es fundamental para definir la identidad de la obra. Su estilo es deliberadamente sucio, caótico y cargado de texturas. No busca la limpieza de las líneas del cómic de superhéroes tradicional, sino que utiliza trazos nerviosos y sombras densas para transmitir la suciedad, el frío y la desesperación del frente de guerra. El diseño de la amenaza —ese "asedio de hierro" que da título a la obra— es original y perturbador, alejándose de los monstruos orgánicos habituales para presentar algo que se siente frío, industrial y absolutamente implacable.
La narrativa no pierde tiempo en florituras innecesarias. Es directa y brutal. A medida que los soldados se ven obligados a retroceder y fortificarse, el cómic se transforma en un ejercicio de supervivencia en espacios cerrados. La gestión del ritmo es excelente, alternando momentos de silencio sepulcral con estallidos de violencia gráfica que subrayan la letalidad de los antagonistas.
En conclusión, *Iron Siege