La publicación de *Angel: Old Friends* marcó un hito fundamental en la historia editorial del universo expandido de Joss Whedon. Tras la cancelación de la serie de televisión en su quinta temporada y el fin de la licencia por parte de Dark Horse Comics, IDW Publishing asumió el mando en 2005, inaugurando su etapa con esta miniserie de cinco números. Escrita por Scott Tipton e ilustrada por Elena Casagrande, esta obra no solo sirve como un puente narrativo, sino como una declaración de intenciones sobre cómo se trataría al vampiro con alma en el formato impreso.
La premisa de *Angel: Old Friends* se sitúa en un momento de profunda incertidumbre y melancolía. Tras los eventos apocalípticos que cerraron la serie de televisión en el callejón de Los Ángeles, encontramos a un Angel que intenta recomponer los pedazos de su misión. La ciudad ya no es la misma; las sombras parecen más densas y el peso de las decisiones tomadas contra Wolfram & Hart gravita sobre los hombros del protagonista. El cómic se aleja de la estructura procedimental de "monstruo de la semana" para sumergirse en un estudio de personaje envuelto en una trama de misterio sobrenatural.
La narrativa arranca cuando Angel comienza a cruzarse con rostros conocidos que, por diversas razones, no deberían estar allí. El título, *Old Friends* (Viejos amigos), funciona como un eje temático doble: por un lado, hace referencia a los aliados que el lector añora y que reaparecen en las viñetas; por otro, alude a la carga del pasado que Angel nunca logra sacudirse. La historia se construye sobre la paranoia y la duda. ¿Son estas apariciones reales? ¿Son proyecciones de su culpa o una nueva y retorcida estrategia de los Socios Mayores para quebrantar su voluntad?
Scott Tipton demuestra un conocimiento profundo de la voz de los personajes. El diálogo de Angel mantiene ese equilibrio entre el estoicismo heroico y el humor seco y autocrítico que lo caracterizó en pantalla. Sin embargo, el cómic aprovecha la libertad del medio para explorar la soledad del héroe de una manera que la televisión, limitada por presupuestos y tiempos de producción, a veces no podía. Aquí, el entorno urbano de Los Ángeles se convierte en un personaje más, una metrópolis gótica y alienante que refleja el estado mental de su protector.
En el apartado visual, el trabajo de Elena Casagrande es notable por su capacidad para capturar la esencia de los actores originales sin caer en el fotorrealismo rígido que a menudo lastra a los cómics basados en licencias televisivas. Sus trazos son dinámicos y su manejo de las sombras refuerza la atmósfera de cine negro que siempre fue el ADN de *Angel*. La narrativa visual fluye con agilidad, especialmente en las secuencias de acción, donde la coreografía de combate se siente orgánica y violenta, recordándonos que, pese a sus dilemas morales, Angel sigue siendo un depredador formidable.
El conflicto central de la miniserie obliga a Angel a enfrentarse a la posibilidad de que su lucha sea cíclica e interminable. La aparición de figuras como Gunn y otros miembros del equipo original sirve para cuestionar la lealtad y el sacrificio. Sin entrar en detalles que arruinen la experiencia, la trama se desarrolla como un rompecabezas donde cada encuentro revela una pieza de una conspiración más amplia que amenaza con desmantelar lo poco que queda del legado de Investigaciones Angel.
*Angel: Old Friends* es, en esencia, una reflexión sobre la identidad. Para los nuevos lectores, funciona como una introducción perfecta al tono de la etapa de IDW, mientras que para los veteranos, es un reencuentro emocional que respeta el canon establecido. El cómic evita las florituras innecesarias y se centra en lo que hace que el personaje sea fascinante: su eterna búsqueda de redención en un mundo que parece empeñado en recordarle sus pecados. Es una lectura obligatoria para entender la evolución del Buffyverse en el noveno arte, consolidándose como un epílogo espiritual y un prólogo necesario para las sagas que vendrían después.