*The Remains*, escrita e ilustrada por Mark Kidwell y publicada originalmente por IDW Publishing, es una de las obras más crudas y viscerales dentro del subgénero del horror zombi en el cómic contemporáneo. A diferencia de otras narrativas que buscan la épica de la supervivencia a largo plazo o el análisis sociopolítico del colapso, esta obra se sumerge de lleno en la pesadilla física y psicológica del momento en que el mundo deja de tener sentido. Kidwell, un autor que más tarde consolidaría su reputación en el género con la serie *’68*, utiliza este título para establecer una visión del apocalipsis que es, a partes iguales, un homenaje al cine de terror de los años 70 y una exploración moderna de la desesperación humana.
La premisa de *The Remains* nos sitúa en un entorno rural, un escenario que se vuelve claustrofóbico a pesar de su amplitud. La historia sigue a Dixon, un hombre corriente atrapado en una situación extraordinaria y grotesca. El mundo ha sido golpeado por una plaga que no solo mata, sino que reanima los cadáveres, convirtiéndolos en máquinas de consumo insaciables. Sin embargo, lo que diferencia a este cómic de otros exponentes del género es su enfoque en la inmediatez del horror. No hay grandes planes de reconstrucción ni ejércitos movilizándose en la distancia; solo hay individuos enfrentados a la realidad de que sus vecinos, amigos y familiares se han convertido en algo irreconocible y letal.
Narrativamente, el cómic destaca por su ritmo implacable. Kidwell no pierde el tiempo en exposiciones innecesarias sobre el origen del virus o la caída de los gobiernos. En su lugar, utiliza la narrativa visual para transmitir la magnitud del desastre. El guion se centra en la tensión constante y en la toma de decisiones bajo una presión extrema. Los personajes no son héroes de acción; son personas vulnerables cuyas debilidades se ven amplificadas por el entorno hostil. La obra explora la fragilidad de la moralidad cuando la supervivencia básica está en juego, planteando preguntas silenciosas sobre qué es lo que realmente "queda" (haciendo honor al título) de la humanidad cuando el tejido social se desgarra por completo.
El apartado artístico es, sin duda, el pilar fundamental de *The Remains*. Mark Kidwell despliega un estilo detallado y quirúrgico que no escatima en la representación de la anatomía descompuesta. Su uso de las sombras y el contraste crea una atmósfera opresiva que envuelve al lector desde la primera página. El diseño de las criaturas es particularmente destacable: no son simplemente figuras pálidas, sino masas de carne en descomposición que transmiten una sensación de peso y putrefacción casi tangible. El dibujo logra capturar la fealdad del evento sin caer en el sensacionalismo gratuito, utilizando el gore como una herramienta narrativa para subrayar la gravedad de la amenaza.
Otro aspecto relevante es la estructura de la obra. Al ser una historia contenida, evita los vicios de las series de larga duración que a menudo diluyen la tensión en favor de subtramas secundarias. Aquí, cada panel cuenta y cada encuentro con los no muertos se siente definitivo. La sensación de aislamiento es absoluta, reforzada por una paleta de colores (o la ausencia de ellos en ciertas ediciones) que enfatiza la desolación del paisaje.
En conclusión, *The Remains* es una lectura esencial para los aficionados al horror