Géminis, la obra creada por el guionista Diego Agrimbau y el dibujante Gabriel Ippóliti, se erige como una de las piezas más sofisticadas y perturbadoras de la historieta contemporánea, consolidando a esta dupla argentina como referentes del género a nivel internacional. Publicada originalmente en Francia y posteriormente en el mercado hispanohablante, la obra se aleja de los convencionalismos de la ciencia ficción de acción para adentrarse en un terreno pantanoso donde convergen el drama psicológico, la distopía médica y el suspense noir.
La trama nos sitúa en una ciudad-estado aislada y hermética, también llamada Géminis, cuya estructura social y política está regida por una estricta jerarquía basada en la salud, la perfección genética y el control biológico. En este entorno, la medicina no es solo una ciencia, sino la herramienta de poder absoluta. La historia sigue la vida de dos hermanos gemelos que encarnan la dualidad más extrema: uno de ellos es un cirujano de enorme prestigio, un hombre integrado en la élite que opera bajo los estándares de la perfección exigida por la ciudad; el otro es un ser oculto, mantenido en las sombras debido a malformaciones y una condición física que lo sitúa fuera de la norma legal y social.
El conflicto central de la obra no reside en una rebelión externa contra el sistema, sino en la compleja e insana interdependencia que une a ambos hermanos. Agrimbau construye un guion preciso que explora la simbiosis física y emocional, planteando interrogantes sobre la identidad individual: ¿dónde termina uno y comienza el otro cuando la supervivencia depende del intercambio constante de órganos, fluidos y secretos? La narrativa avanza con un ritmo pausado pero implacable, revelando las capas de una conspiración que vincula la tragedia privada de los protagonistas con los cimientos mismos de la ciudad de Géminis.
Visualmente, el trabajo de Gabriel Ippóliti es fundamental para transmitir la atmósfera asfixiante del relato. Su estilo, caracterizado por un dibujo detallado y una arquitectura de corte monumentalista y opresivo, refuerza la sensación de encierro. La paleta de colores empleada es deliberadamente fría y desaturada, utilizando tonos grisáceos, verdosos y azulados que evocan la esterilidad de un quirófano o la frialdad de una morgue. Esta elección estética no es meramente decorativa; sirve para subrayar la deshumanización de una sociedad que ha sacrificado la ética y la libertad en el altar de la eficiencia biológica.
La obra aborda temas profundos como la bioética, la eugenesia y el concepto del "doble" (el *doppelgänger*), pero lo hace desde una perspectiva clínica, casi desapasionada, lo que aumenta el impacto emocional en el lector. No hay héroes en el sentido tradicional; hay supervivientes y perpetradores atrap