Red Sonja Vol2

El segundo volumen de *Red Sonja*, publicado por Dynamite Entertainment a partir de 2013, representa uno de los hitos más significativos en la cronología editorial de la Diablesa de Hyrkania. Bajo la dirección creativa de la guionista Gail Simone y el dibujante Walter Geovani, esta etapa no solo revitaliza al personaje para una nueva generación, sino que redefine su mitología interna, alejándose de ciertos tropos anticuados para centrarse en una narrativa de supervivencia, redención y una humanidad cruda que rara vez se había explorado con tal profundidad en el género de la espada y brujería.

La trama de este volumen arranca con una premisa que pone a prueba la lealtad y el pasado de la protagonista. Sonja es convocada al reino de un antiguo aliado, el Rey Dimath, quien se encuentra en su lecho de muerte. Sin embargo, el peligro no es solo una sucesión dinástica incierta, sino una plaga devastadora que consume a la población y una amenaza militar inminente. Lo que comienza como una misión de escolta y protección se transforma rápidamente en un enfrentamiento personal cuando surge la figura de Dark Annisia, una mujer que comparte un pasado traumático con Sonja en las fosas de gladiadores y que ahora lidera un ejército bajo una locura aparente.

A diferencia de interpretaciones anteriores, este volumen se despoja de la intervención divina constante. Gail Simone opta por una Sonja que es dueña absoluta de sus actos, eliminando el polémico origen del "voto de castidad" impuesto por una deidad y sustituyéndolo por una autonomía feroz. Aquí, Sonja es una guerrera que bebe en exceso, que no se preocupa por la higiene y que posee un sentido del humor ácido y pragmático. Es una mujer que sobrevive en un mundo brutal no porque tenga un destino sagrado, sino porque es más inteligente, más resistente y más implacable que sus enemigos.

El conflicto central con Annisia sirve como un espejo oscuro para la protagonista. A través de analepsis (flashbacks) estratégicamente situados, el lector descubre los horrores que ambas vivieron como esclavas. Esta estructura narrativa permite entender que la furia de Sonja no nace del vacío, sino de una resiliencia forjada en la humillación y el dolor. La lucha entre ambas no es solo un despliegue de acero y sangre, sino un choque ideológico sobre cómo procesar el trauma: mientras Annisia se deja consumir por el odio y la enfermedad, Sonja intenta, a su manera tosca, mantener un código de honor que proteja a los inocentes.

Visualmente, el trabajo de Walter Geovani es fundamental para establecer el tono de este volumen. Su dibujo huye de la erotización gratuita que a menudo ha lastrado al personaje, centrándose en la expresividad facial y en la fisicidad del combate. Las batallas son viscerales, coreografiadas con un realismo sucio donde las heridas tienen consecuencias y el cansancio se refleja en cada trazo. Los escenarios, desde las mazmorras infectas hasta los campos de batalla desolados, refuerzan la atmósfera de un mundo que se desmorona bajo el peso de la enfermedad y la guerra.

Otro aspecto relevante de este volumen es la construcción de los personajes secundarios. Simone dota de voz y personalidad a figuras que en otros cómics de bárbaros serían meros figurantes. La relación de Sonja con los habitantes del reino de Dimath y con sus propios compañeros de armas añade capas de vulnerabilidad a la guerrera, mostrando que, a pesar de su reputación de solitaria, su mayor fuerza reside en su capacidad para inspirar a otros, incluso cuando ella misma se siente perdida.

En conclusión, el Volumen 2 de *Red Sonja* es una obra esencial que equilibra la acción trepidante con un estudio de personaje introspectivo. Logra mantener la esencia del personaje creado por Robert E. Howard y adaptado por Roy Thomas, pero lo dota de una voz contemporánea y necesaria. Es una historia sobre el peso de la leyenda, la dificultad de escapar del pasado y la búsqueda de un propósito en un mundo que solo ofrece muerte. Para cualquier lector interesado en el cómic de fantasía épica, esta etapa constituye el estándar moderno de cómo tratar a una de las figuras más icónicas del medio.

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