Dentro de la historiografía del tebeo español, pocas obras poseen el aura de ingenio, vanguardia visual y humor surrealista que desprende "La pandilla Cu-Cux-Plaf – Fantomas Pérez: Sociedad muy limitada". Creada por el polifacético autor Femeref (pseudónimo de Federico Menéndez-Reigada), esta obra se erige como uno de los pilares creativos de la mítica revista *Chicos* durante la década de los años 40, un periodo donde la imaginación servía de válvula de escape en la España de la posguerra.
La narrativa nos presenta a la Pandilla Cu-Cux-Plaf, un grupo de jóvenes intrépidos y algo alocados que, movidos por una curiosidad inagotable y un sentido de la justicia muy particular, se ven envueltos en una serie de peripecias que desafían la lógica convencional. El eje central de esta entrega específica es el enfrentamiento —o más bien el continuo juego del gato y el ratón— con el singular Fantomas Pérez. Este personaje es una genialidad satírica: una versión castiza, degradada y cómicamente ineficiente del célebre genio del crimen francés, Fantômas. Al añadirle el apellido "Pérez" y definir su organización como una "Sociedad muy limitada", Femeref establece desde el título el tono de parodia que impregnará cada viñeta.
La trama se desarrolla en un escenario donde el misterio de folletín se mezcla con el absurdo cotidiano. Fantomas Pérez, autoproclamado genio del mal, intenta llevar a cabo planes de una ambición desmedida que chocan frontalmente con la precariedad de sus medios y su propia torpeza. La Pandilla Cu-Cux-Plaf, lejos de ser un grupo de detectives convencionales al estilo de los Hardy Boys o los Cinco, actúa con una energía caótica. Sus miembros no solo buscan desbaratar los planes de Pérez, sino que a menudo se ven atrapados en situaciones donde el ingenio visual del autor prima sobre la resolución lógica del conflicto.
Lo que realmente distingue a este cómic es el estilo artístico de Femeref. En una época dominada por el realismo académico o el humorismo de trazo grueso, Femeref introdujo una estética rompedora. Su dibujo es extremadamente dinámico, caracterizado por un uso magistral de las líneas cinéticas y una composición de página que rompe la rigidez de la cuadrícula tradicional. Los personajes poseen una expresividad casi elástica, heredera de los dibujos animados de la época, lo que acentúa el tono de farsa de la historia. La arquitectura de los escenarios y el diseño de los inventos de Fantomas Pérez reflejan una influencia del futurismo y el art déco, pasados por el tamiz de la caricatura.
El guion de "Fantomas Pérez: Sociedad muy limitada" destaca por su agilidad dialéctica. Femeref utiliza un lenguaje rico, plagado de juegos de palabras y dobles sentidos que apelaban tanto al lector infantil por su slapstick como al lector adulto por su ironía subyacente. La "sociedad limitada" de Pérez no es solo una referencia empresarial, sino una metáfora de la ambición humana frente a la realidad de las propias capacidades, todo ello envuelto en una atmósfera de aventura detectivesca que nunca se toma a sí misma en serio.
En esta obra, el lector no encontrará una estructura de "crimen y castigo" tradicional. En su lugar, se sumergirá en una sucesión de gags visuales y situaciones enrevesadas donde la Pandilla Cu-Cux-Plaf demuestra que la juventud y la camaradería son las mejores armas contra cualquier "genio" del mal, por muy limitada que sea su sociedad. Es, en esencia, una celebración de la libertad creativa en un formato popular, un ejercicio de estilo donde el continente (el dibujo y la composición) es tan narrativo y fascinante como el contenido (las andanzas de la pandilla). Un título imprescindible para entender la evolución del lenguaje del cómic en España y la capacidad de los autores de la época para innovar bajo condiciones restrictivas.