Criminal Macabre – Los Ojos De Frankenstein

Criminal Macabre: Los Ojos de Frankenstein representa un punto de inflexión sombrío y visceral dentro de la extensa cronología de Cal McDonald, el detective sobrenatural creado por Steve Niles. En esta miniserie, Niles se aleja de las tramas de conspiraciones globales para centrarse en una narrativa mucho más íntima, decadente y centrada en la degradación física y existencial de sus protagonistas. La historia no solo expande el universo de *Criminal Macabre*, sino que reinterpreta uno de los mitos más grandes de la literatura gótica bajo el lente del *noir* más crudo.

La premisa nos sitúa de nuevo en la piel de Cal McDonald, un hombre que vive permanentemente en la frontera entre el mundo de los vivos y el de los monstruos, manteniendo su cordura a base de drogas, alcohol y un cinismo inquebrantable. Sin embargo, en esta entrega, Cal se encuentra en un estado de vulnerabilidad inusual. Su aliado más cercano, el *ghoul* Mo'Lock, está sufriendo una extraña enfermedad que lo debilita, lo que añade una capa de urgencia emocional al relato. Es en este escenario de precariedad donde hace su aparición el Monstruo de Frankenstein, una figura que en el universo de Niles se aleja de las caricaturas cinematográficas para acercarse a la criatura trágica y elocuente de Mary Shelley, aunque marcada por siglos de desgaste.

El conflicto central de la obra gira en torno a la mortalidad de lo inmortal. El Monstruo de Frankenstein está perdiendo la vista; sus tejidos, cosidos hace siglos, están sucumbiendo finalmente al paso del tiempo y a una degeneración biológica que ni siquiera su naturaleza artificial puede frenar. La criatura busca a Cal no por sus habilidades detectivescas, sino por sus conexiones en el submundo de lo oculto. El objetivo es encontrar a alguien capaz de realizar un trasplante o una reparación que le devuelva la visión y detenga su descomposición. Esta búsqueda lleva a los protagonistas a interactuar con una serie de científicos renegados y figuras marginales que operan en las sombras de la sociedad, explorando la ética de la ciencia prohibida y el horror corporal.

A nivel narrativo, Steve Niles utiliza la figura del Monstruo como un espejo para el propio Cal McDonald. Ambos son parias, seres que no pertenecen a ningún mundo y que cargan con el peso de una existencia que a menudo perciben como una maldición. La interacción entre el detective drogadicto y la criatura de retazos es el corazón de la obra, ofreciendo diálogos cargados de melancolía y una visión desmitificadora de la figura del "monstruo". Aquí, el horror no proviene de los sustos repentinos, sino de la inevitabilidad de la decadencia y la soledad.

El apartado visual, a cargo de Christopher Mitten, es fundamental para establecer el tono de la obra. El estilo de Mitten, caracterizado por trazos sucios, sombras densas y una atmósfera opresiva, encaja perfectamente con la naturaleza de la historia. Su representación del Monstruo de Frankenstein es particularmente notable: una masa imponente de cicatrices y desesperación que logra transmitir humanidad a pesar de su apariencia grotesca. La paleta de colores refuerza esa sensación de suciedad y abandono, haciendo que el lector sienta el frío y la humedad de los callejones y laboratorios clandestinos que Cal recorre.

*Los Ojos de Frankenstein* no es solo una historia de búsqueda y rescate médico en el mundo sobrenatural; es una reflexión sobre la obsolescencia. A medida que Cal intenta ayudar a la criatura, se ve obligado a enfrentarse a sus propios demonios y a la realidad de que, en su mundo, nada permanece intacto por mucho tiempo. La obra profundiza en la mitología de los *ghouls* y establece conexiones que serán vitales para el futuro del personaje, manteniendo siempre ese equilibrio entre el género policial de serie negra y el horror más visceral.

En resumen, este cómic es una pieza esencial para los seguidores de Steve Niles y para cualquier lector que busque una aproximación madura y oscura al mito de Frankenstein. Sin necesidad de recurrir a grandes fuegos artificiales narrativos, logra construir una historia sólida sobre la amistad en los márgenes, el miedo a la ceguera (tanto física como espiritual) y la lucha constante por sobrevivir en un mundo que parece diseñado para devorar a los que son diferentes. Es una obra que respira pesimismo, pero que encuentra su belleza en la resistencia de sus protagonistas frente a lo inevitable.

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