El Heroe

Publicada originalmente en dos volúmenes entre 2011 y 2012 por la editorial Astiberri, 'El Héroe', de David Rubín, se erige como una de las obras más ambiciosas, personales y renovadoras del cómic español contemporáneo. No se trata de una simple traslación de los mitos griegos al papel, sino de una reconstrucción total del arquetipo heroico a través de la figura de Heracles (Hércules). Rubín toma el material clásico y lo somete a una disección profunda, despojándolo de la pátina de estatismo de los libros de texto para devolverle su naturaleza visceral, trágica y, sobre todo, humana.

La premisa nos sitúa en una Grecia atemporal y anacrónica, un universo donde conviven los templos de mármol y las túnicas con motocicletas de gran cilindrada, tecnología punta, medios de comunicación de masas y una estética que bebe directamente del pop-art y del dinamismo de Jack Kirby. En este escenario, Heracles es presentado desde su nacimiento como un peón en el tablero de los dioses. Fruto de la infidelidad de Zeus, el protagonista se convierte en el blanco del odio eterno de Hera, quien orquesta un destino de sufrimiento y servidumbre para el semidiós.

La narrativa se articula en torno a los célebres doce trabajos impuestos por el rey Euristeo. Sin embargo, en manos de Rubín, estos desafíos no son meras anécdotas de fuerza bruta. Cada trabajo es una etapa en el proceso de maduración y desgaste del protagonista. El autor explora la soledad del icono: Heracles es una celebridad acosada por los medios y por un público que consume sus hazañas como entretenimiento, mientras él lidia con el peso de una gloria que no ha elegido y que le arrebata cualquier posibilidad de una vida normal. Es la historia de un hombre que lucha contra un destino preescrito por entidades superiores —los dioses— que aquí son retratados como seres caprichosos, crueles, mezquinos y profundamente alejados de la moralidad humana.

A nivel visual, 'El Héroe' es un despliegue de energía cinética sin parangón. Rubín utiliza una composición de página extremadamente libre y experimental, rompiendo la cuadrícula tradicional para guiar el ojo del lector a través de secuencias de acción coreografiadas con una precisión casi cinematográfica. El uso del color es narrativo y emocional; las paletas vibrantes y saturadas no solo definen la atmósfera de cada capítulo, sino que subrayan el estado psicológico del protagonista, pasando de la luminosidad de la juventud a los tonos más oscuros y crepusculares de la madurez.

El cómic también destaca por su capacidad para integrar influencias diversas. Se percibe el respeto por la tragedia clásica de Eurípides o Sófocles, pero filtrado por la narrativa del género de superhéroes estadounidense y la épica del manga. Esta amalgama convierte a la obra en un puente entre la alta cultura y la cultura popular, demostrando que los mitos antiguos siguen vigentes porque hablan de verdades universales: el miedo a la muerte, la búsqueda de la identidad, el dolor de la pérdida y la rebelión contra la injusticia.

Sin caer en el spoiler, cabe decir que el segundo volumen de la obra profundiza en las consecuencias del heroísmo. Si el primer tomo se centra en el ascenso y la demostración de poder, el segundo aborda el declive, la vejez y el legado. Es aquí donde la obra alcanza su mayor calado filosófico, cuestionando si es posible alcanzar la libertad cuando se nace bajo el yugo de la divinidad o si el único acto de verdadera rebeldía es la aceptación de nuestra propia mortalidad.

En definitiva, 'El Héroe' es una obra río, un tour de force de más de quinientas páginas donde David Rubín no solo homenajea a los clásicos, sino que se posiciona como un autor total, capaz de manejar el ritmo, la emoción y la estética para entregar una de las visiones más honestas y brutales sobre lo que significa, realmente, ser un héroe en un mundo que devora a sus ídolos. Es una lectura imprescindible para entender la evolución del lenguaje del cómic en el siglo XXI.

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