Baron Rojo

Barón Rojo, la obra escrita por Pierre Veys e ilustrada magistralmente por Carlos Puerta, no es simplemente una biografía en viñetas sobre Manfred von Richthofen, el as de la aviación más famoso de la Primera Guerra Mundial. Es, ante todo, un estudio psicológico profundo y una proeza visual que redefine el género del cómic histórico y bélico. Publicada originalmente en tres álbumes por la editorial francesa Delcourt y recopilada en España por Norma Editorial, esta obra se aleja de los romanticismos habituales para ofrecer una visión cruda, gélida y fascinante del hombre detrás del mito.

La narrativa de Pierre Veys se desmarca de la hagiografía tradicional. En lugar de presentarnos al "caballero del aire" que la propaganda alemana y la nostalgia posterior construyeron, el guion nos introduce en la mente de un individuo con una capacidad perturbadora para la observación y la falta de empatía. Desde las primeras páginas, se establece que Richthofen posee un "don" o una predisposición casi sobrenatural: la capacidad de predecir el movimiento de su presa y de sentir la proximidad de la muerte. El cómic explora su evolución desde sus días como joven oficial de caballería, frustrado por la inmovilidad de la guerra de trincheras, hasta su ascenso como el depredador definitivo en los cielos de Europa.

El enfoque de Veys es clínico. La historia se narra a menudo a través de los pensamientos internos de Manfred, lo que permite al lector comprender su desapego emocional. Para este Barón Rojo, el combate aéreo no es una cuestión de patriotismo exacerbado o de honor caballeresco, sino una disciplina técnica y una caza deportiva donde la eficiencia es la única regla. Esta perspectiva dota a la obra de una tensión constante, ya que el lector se convierte en cómplice de una mente que ve el mundo en términos de trayectorias, ángulos de tiro y vulnerabilidades humanas.

Sin embargo, lo que eleva a Barón Rojo a la categoría de obra maestra es el apartado gráfico de Carlos Puerta. El artista español realiza un trabajo que desafía las convenciones del dibujo de cómic tradicional, optando por un estilo pictórico digital de un realismo abrumador. Cada viñeta parece un óleo meticulosamente detallado, donde la iluminación juega un papel narrativo fundamental. Puerta logra capturar tanto la suciedad asfixiante de las trincheras como la inmensidad gélida del cielo, creando un contraste visual que refuerza la alienación del protagonista.

La documentación histórica en el dibujo es impecable. Los entusiastas de la aviación encontrarán una representación fidedigna de los biplanos y triplanos de la época, desde los Albatros hasta el icónico Fokker Dr.I. Pero más allá del rigor técnico, Puerta destaca en la expresividad de los rostros y en la atmósfera. El uso de las texturas, el humo, las nubes y los reflejos en las gafas de vuelo transportan al lector a la cabina del piloto de una manera casi sensorial. No hay líneas de contorno definidas; el volumen y la forma se construyen a través del color y la luz, lo que otorga a la obra una pátina de veracidad fotográfica que encaja perfectamente con el tono serio del guion.

El ritmo de la obra es pausado pero implacable. Acompañamos a Richthofen en su aprendizaje, viendo cómo perfecciona sus tácticas y cómo su fama empieza a crecer entre aliados y enemigos. El cómic no evita mostrar la brutalidad de la guerra; los derribos no son victorias abstractas, sino actos de destrucción física que Puerta retrata con una belleza trágica. La estructura narrativa nos lleva a través de los hitos clave de su carrera, pero siempre manteniendo el foco en su aislamiento psicológico. A medida que el número de victorias aumenta, el hombre parece desvanecerse para dejar paso a la leyenda de color carmesí.

En conclusión, Barón Rojo es una pieza imprescindible de la *bande dessinée* contemporánea. Es una obra que exige una lectura atenta para apreciar los matices del guion de Veys y múltiples relecturas para absorber la riqueza visual de Puerta. Evita los clichés del género bélico para centrarse en la anatomía de un depredador, ofreciendo una experiencia inmersiva que es, al mismo tiempo, un festín para los ojos y un inquietante viaje al interior de una de las figuras más enigmáticas del siglo XX. Es, en definitiva, el retrato definitivo de un hombre que encontró en el cielo el escenario perfecto para su fría genialidad.

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