El Triángulo de Las Bermudas

El Triángulo de las Bermudas, con guion de Ricardo Barreiro y dibujos de Enrique Breccia, es una de las piezas fundamentales de la historieta argentina y latinoamericana de finales de los años 70. Publicada originalmente por entregas en revistas como *Skorpio*, esta obra se aleja de los tópicos sensacionalistas de la época para construir una parábola sombría, asfixiante y profundamente humana sobre la supervivencia y el estancamiento.

La premisa narrativa se activa con la desaparición de un avión comercial que sobrevuela la infame zona geográfica del Atlántico. Sin embargo, lo que para el mundo exterior es una tragedia estadística, para los protagonistas se convierte en el inicio de una pesadilla metafísica. Tras atravesar una extraña perturbación, los supervivientes no encuentran la muerte, sino el acceso a una dimensión estanca: un inmenso cementerio de naves donde el tiempo parece haberse detenido o, al menos, fluye bajo reglas que escapan a la lógica humana.

El escenario principal es un "mar de los sargazos" tecnológico y anacrónico. Barreiro diseña un ecosistema donde coexisten galeones españoles del siglo XVI, submarinos de la Segunda Guerra Mundial, transatlánticos de lujo y aviones de combate modernos. Todos estos restos flotan en una calma chicha perpetua, atrapados en una densa masa de algas y herrumbre que impide cualquier intento de navegación convencional. Este entorno no es solo un decorado, sino un personaje en sí mismo que dicta la psicología de quienes lo habitan.

La trama se centra en la interacción de los recién llegados con la sociedad que se ha formado en este "no-lugar". Lejos de ser un refugio de cooperación, el Triángulo ha engendrado una estructura social primitiva y brutal. Los náufragos de distintas épocas han formado clanes y feudos, donde la posesión de recursos básicos —como agua dulce, alimentos en conserva o combustible— determina quién vive y quién muere. La obra explora con crudeza la degradación moral de los individuos cuando se ven privados de esperanza y de un horizonte temporal claro.

El apartado visual de Enrique Breccia es, sin duda, el pilar que eleva esta obra a la categoría de culto. Su estilo, caracterizado por un uso magistral del claroscuro y una línea orgánica, casi sucia, refuerza la sensación de decadencia y humedad que impregna cada página. Breccia logra que el lector sienta el peso del metal oxidado y la desesperación de los rostros. Sus composiciones de página son densas, reflejando la claustrofobia de un espacio abierto que, paradójicamente, funciona como una prisión ineludible. El contraste entre la inmensidad del océano y la aglomeración de chatarra crea una atmósfera de surrealismo gótico que define la identidad visual del cómic.

Narrativamente, Barreiro utiliza el Triángulo como una metáfora de la condición humana y, en particular, de la situación política y social de la Argentina de la época, aunque su mensaje es universal. La lucha por el poder en un entorno donde nada tiene valor real, la repetición de errores históricos por parte de los náufragos y la búsqueda de una salida que parece más un mito que una posibilidad física, dotan al guion de una profundidad filosófica inusual en las aventuras de género de aquel entonces.

En resumen, *El Triángulo de las Bermudas* no es una historia de ciencia ficción al uso sobre abducciones alienígenas o portales dimensionales. Es un drama existencialista envuelto en una estética de aventura marítima decadente. La obra destaca por su capacidad para mantener la tensión sin recurrir a giros de guion efectistas, apoyándose en la solidez de sus personajes y en una atmósfera visualmente imponente que convierte el vacío del océano en un laberinto de hierro y olvido. Es una lectura imprescindible para entender la evolución de la narrativa gráfica adulta, donde el dibujo y el guion se fusionan para crear una experiencia sensorial y reflexiva sobre los límites de la civilización.

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