Operación Intercambio es una de las obras más emblemáticas y representativas de la etapa dorada de Francisco Ibáñez, el maestro indiscutible del cómic español. Publicada originalmente de forma serializada entre finales de 1974 y principios de 1975 en la revista *Mortadelo*, esta aventura larga de los agentes de la T.I.A. (Técnicos de Investigación Aeroterráquea) encapsula a la perfección la fórmula que convirtió a Mortadelo y Filemón en un fenómeno de masas: un ritmo frenético, un humor visual inagotable y una estructura narrativa deudora del mejor *slapstick*.
La premisa de la historia arranca con un conflicto diplomático de alto nivel. Un grupo de peligrosos criminales ha secuestrado al hermano del embajador de Pekín-Pekón, una nación ficticia que sirve a Ibáñez para jugar con los estereotipos y la sátira política habitual de su obra. Los secuestradores no buscan dinero, sino la liberación de su líder, un delincuente de extrema peligrosidad conocido simplemente como «El Gánster», que se encuentra bajo custodia policial. Ante la delicadeza de la situación y la presión internacional, el Súper, jefe de la T.I.A., decide asignar la misión de realizar el intercambio a sus dos agentes más «especiales»: Mortadelo y Filemón.
El núcleo narrativo de Operación Intercambio se centra en el accidentado traslado del criminal y los repetidos intentos de llevar a cabo el canje en diversos puntos de encuentro. Lo que en teoría debería ser una operación de entrega y recogida estándar, se convierte en un calvario de proporciones épicas debido a la incompetencia de los protagonistas y a la mala fortuna que los persigue. La estructura del cómic es episódica, dividida en capítulos que funcionan como pequeñas unidades de acción donde el objetivo siempre es el mismo, pero el escenario y las complicaciones varían drásticamente.
Desde el punto de vista técnico, este álbum muestra a un Ibáñez en la plenitud de sus facultades creativas. El dibujo es detallado, dinámico y lleno de vida. Cada viñeta está aprovechada al máximo, no solo para avanzar en la trama, sino para incluir gags visuales en segundo plano —los famosos «ratoncitos» y detalles absurdos en las esquinas— que invitan a una relectura constante. La expresividad de los personajes es máxima; las deformaciones físicas tras las explosiones, caídas y golpes están ejecutadas con una maestría que define el lenguaje del cómic de humor europeo de la época.
Mortadelo, como es habitual, hace gala de su inacabable repertorio de disfraces, que en esta aventura no solo sirven como recurso cómico, sino que a menudo son el detonante de nuevos desastres. Filemón, por su parte, ejerce el rol de líder autoritario pero desafortunado, sufriendo la mayor parte de las consecuencias físicas de los errores de su subordinado. La interacción entre ambos, sumada a la presencia de un «Gánster» que intenta aprovechar cualquier descuido para escapar, genera una tensión cómica constante.
Un aspecto relevante de Operación Intercambio es cómo maneja el suspense dentro de la comedia. Aunque el lector sabe que los planes de los agentes fracasarán, la inventiva de Ibáñez reside en el «cómo». Los escenarios cambian desde zonas industriales hasta parajes naturales, y en cada uno de ellos, los agentes deben enfrentarse tanto a los secuaces del bando enemigo como a sus propios inventos o malentendidos.
En resumen, Operación Intercambio no es solo una sucesión de chistes; es un ejercicio de precisión narrativa donde el caos está perfectamente orquestado. Es una pieza fundamental para entender la evolución de la T.I.A. y el estilo Bruguera, consolidando a Mortadelo y Filemón como iconos capaces de sostener tramas de larga duración sin perder la frescura del gag instantáneo. Para cualquier estudioso o aficionado al noveno arte, este álbum representa el equilibrio ideal entre la sátira social encubierta y el entretenimiento puro, libre de artificios innecesarios y centrado en la potencia del dibujo y el ingenio del guion.