Me Siento Mal

Me Siento Mal, la obra debut de la ilustradora y autora Bibián (Bibián González), publicada bajo el sello Sapristi, se posiciona como una de las crónicas más lúcidas y descarnadas sobre la ansiedad contemporánea en el panorama del cómic español actual. No se trata de una narrativa de aventuras ni de una ficción escapista; es un ejercicio de honestidad autobiográfica que utiliza el lenguaje de la novela gráfica para diseccionar ese malestar difuso, pero constante, que define a una generación atrapada entre la autoexigencia y la precariedad emocional.

La premisa del cómic es tan directa como su título. La protagonista, un alter ego de la autora, transita por una serie de viñetas que capturan la cotidianidad de quien convive con una sensación de inadecuación permanente. A través de sus páginas, el lector acompaña a este personaje en situaciones aparentemente banales: desde la parálisis frente a una bandeja de entrada de correos electrónicos hasta la angustia social en fiestas, pasando por la dificultad de gestionar el tiempo libre sin sentir la culpa de no estar siendo "productiva". El cómic no busca ofrecer soluciones mágicas ni lecciones de autoayuda; su valor reside en la capacidad de poner nombre y forma a sentimientos que a menudo se quedan en lo abstracto.

Temáticamente, Me Siento Mal explora la intersección entre la salud mental y el sistema socioeconómico actual. Bibián aborda cómo la presión por el éxito, la comparación constante en redes sociales y la inestabilidad laboral permean la psique individual, transformándose en un ruido de fondo que impide el bienestar. La obra profundiza en el concepto de la "tristeza funcional": esa capacidad de seguir operando en el mundo —ir a trabajar, quedar con amigos, cumplir con las obligaciones— mientras por dentro se libra una batalla contra el agotamiento existencial y el síndrome del impostor.

En el apartado visual, el cómic destaca por un minimalismo extremadamente efectivo. Bibián opta por un trazo limpio y sintético, donde la expresividad de los personajes recae en la gestualidad y, muy especialmente, en el uso de los ojos y la postura corporal para transmitir el peso emocional. La composición de las páginas suele ser abierta, permitiendo que el vacío y el espacio en blanco actúen como una metáfora de la soledad o el agobio de la protagonista. El uso del color es estratégico y contenido, empleando paletas limitadas que refuerzan la atmósfera de introspección y melancolía, alejándose de cualquier estridencia que pudiera distraer del núcleo emocional del relato.

La narrativa se estructura mediante anécdotas cortas y reflexiones que, sumadas, construyen un mapa coherente de la psique de la autora. Hay un equilibrio preciso entre el drama interno y un humor autocrítico muy afilado. Este componente cómico es fundamental, ya que permite que la obra no resulte asfixiante. El lector se ríe, pero es una risa de reconocimiento, de quien se ve reflejado en la pantalla del móvil a las tres de la mañana buscando respuestas a problemas que no sabe definir.

En conclusión, Me Siento Mal es un artefacto cultural necesario que valida el sentimiento de vulnerabilidad. Bibián consigue que lo personal se vuelva universal, transformando sus inseguridades en una narrativa sólida que conecta con cualquier persona que haya sentido que el mundo va demasiado rápido para su capacidad de procesamiento. Es un cómic sobre la resistencia silenciosa, sobre aprender a convivir con uno mismo cuando la mente no es un lugar especialmente hospitalario, y sobre la importancia de la honestidad radical en un mundo que nos exige estar constantemente bien. Una obra esencial para entender la sensibilidad de la novela gráfica contemporánea en España.

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