F, la obra magna del autor italiano LRNZ (Lorenzo Ceccotti), no es simplemente un cómic, sino un hito en la narrativa gráfica contemporánea que redefine las fronteras entre el diseño, la ilustración y la secuencialidad. Publicada tras años de gestación, esta novela gráfica se presenta como una experiencia inmersiva que prescinde casi por completo del texto para confiar todo su peso dramático a una gramática visual deslumbrante y meticulosa.
La historia nos sitúa en un futuro indeterminado, en un mundo que ha superado el colapso de la civilización tal como la conocemos. No estamos ante el típico páramo postapocalíptico gris y polvoriento; el escenario de F es una explosión de vida biológica y tecnológica híbrida. La naturaleza ha reclamado su lugar, pero lo ha hecho fusionándose con los restos de una tecnología avanzada, creando un ecosistema vibrante, peligroso y profundamente extraño. En este entorno habita la protagonista, una joven cuya existencia está marcada por la supervivencia extrema y la soledad en un entorno que parece regirse por leyes físicas y biológicas que el lector debe descifrar a medida que avanza el relato.
El núcleo narrativo de la obra arranca cuando la rutina de supervivencia de la protagonista se ve interrumpida por un encuentro fortuito. Este evento desencadena un viaje iniciático y de huida a través de paisajes que desafían la imaginación. La joven se ve obligada a abandonar su refugio para adentrarse en lo desconocido, enfrentándose a criaturas que parecen salidas de una pesadilla evolutiva y a fenómenos atmosféricos que son, a la vez, hermosos y letales. A lo largo de este periplo, la relación entre la protagonista y el entorno evoluciona de la confrontación a una suerte de comunión forzada, planteando preguntas silenciosas sobre la identidad y el lugar del ser humano en un mundo que ya no lo necesita.
Desde el punto de vista técnico, LRNZ despliega un virtuosismo técnico abrumador. El autor, conocido por su faceta como diseñador y artista conceptual, aplica un rigor de "world-building" que se percibe en cada detalle: desde la anatomía de la fauna hasta la arquitectura de las ruinas. El estilo artístico de F bebe de fuentes tan diversas como el detallismo de Katsuhiro Otomo, la elegancia orgánica de Moebius y la sensibilidad cromática del cine de animación moderno. Cada página es una lección de composición, donde el uso del color no es meramente estético, sino narrativo, marcando el ritmo emocional de la persecución y los momentos de introspección.
La ausencia de diálogos convencionales obliga al lector a realizar una lectura activa. No hay globos de texto que expliquen las motivaciones de los personajes ni cuadros de narrador que contextualicen el mundo. Todo se transmite a través de la expresión corporal, el diseño de producción y el ritmo de las viñetas. Esta decisión narrativa convierte a F en una obra universal, capaz de ser comprendida más allá de las barreras lingüísticas, apelando a una comprensión instintiva del movimiento y la tensión.
El cómic explora temas profundos como la entropía, la resiliencia de la vida y la transformación. La "F" del título funciona como un símbolo polisémico que el lector irá cargando de significado conforme acompañe a la protagonista en su odisea. Es una obra que exige ser leída con calma, permitiendo que el ojo se pierda en los detalles de las dobles páginas y en la fluidez de las secuencias de acción, que poseen una claridad cinematográfica pocas veces vista en el medio.
En conclusión, F es una pieza fundamental para entender hacia dónde se dirige el cómic europeo de vanguardia. Es una propuesta arriesgada que confía plenamente en la capacidad del dibujo para contar historias complejas y emocionantes. LRNZ no solo narra una huida hacia adelante, sino que construye un testamento visual sobre la belleza del cambio y la persistencia de la chispa vital en un universo en constante mutación. Es, en definitiva, un festín visual que se queda grabado en la retina mucho después de haber cerrado el libro.