La obra 'Merlín', fruto de la colaboración entre el guionista paraguayo Robin Wood y el dibujante argentino Enrique Alcatena, no es simplemente una adaptación más del mito artúrico, sino una de las cumbres narrativas y visuales de la historieta en español. Publicada originalmente a finales de la década de los 80, esta serie se aleja de las versiones edulcoradas o puramente caballerescas para sumergirse en una fantasía oscura, metafísica y profundamente humana.
La premisa de Wood parte de la raíz más pura de la leyenda medieval: Merlín es el hijo de una mujer mortal y un demonio. Sin embargo, el giro fundamental de la obra reside en la rebelión del protagonista contra su propia naturaleza. Concebido para ser el Anticristo, el heraldo del caos que debía inclinar la balanza hacia la oscuridad, Merlín es rescatado por la piedad y la educación, convirtiéndose en un ser que camina entre dos mundos. Esta dualidad es el eje central del cómic: un hombre con el poder de un dios y la sabiduría de un demonio, pero con la fragilidad ética y emocional de un ser humano.
La sinopsis nos sitúa en una Britania brumosa, un territorio de transición donde los antiguos dioses paganos se desvanecen ante el avance del cristianismo y la razón. Merlín emerge no como el mentor anciano y bondadoso que la cultura popular ha cimentado, sino como un joven eterno, un observador melancólico que debe cargar con el peso de la profecía. La historia recorre su aprendizaje, su relación con las fuerzas de la naturaleza y su papel como arquitecto de un sueño llamado Camelot. No obstante, el cómic se centra menos en las batallas de espada y más en el conflicto interno de un mago que puede verlo todo, pero que no siempre puede intervenir sin alterar el tejido del destino.
El guion de Robin Wood es de una lírica exquisita. Sus textos de apoyo no son meras descripciones, sino crónicas poéticas que exploran la soledad del poder y la tragedia de la inmortalidad. Wood dota a Merlín de una voz introspectiva, convirtiendo cada capítulo en una reflexión sobre la condición humana, el sacrificio y la inevitable decadencia de los ideales.
En el apartado visual, Enrique Alcatena realiza un trabajo que solo puede calificarse de magistral. Su estilo, caracterizado por un *horror vacui* meticuloso y una influencia clara del grabado clásico y el arte bizantino, transforma cada página en una pieza de museo. Alcatena no dibuja una Britania histórica, sino una onírica. Sus castillos son imposibles, sus bosques parecen vivos y sus criaturas sobrenaturales poseen una cualidad inquietante que remite a las pesadillas de la mitología celta. El uso de las texturas, el detalle en las armaduras y la arquitectura, y la capacidad para representar lo abstracto —como el paso del tiempo o la manifestación de la magia— elevan la obra a una experiencia sensorial única.
El 'Merlín' de Wood y Alcatena es, en esencia, la crónica de un mundo que muere y otro que nace. A través de los ojos del mago, el lector presencia la creación de la Tabla Redonda no como un triunfo militar, sino como un intento desesperado por instaurar el orden en un caos atávico. El cómic evita los tropos del género para ofrecer una visión crepuscular donde la magia es un don y una maldición a partes iguales.
Para el lector de cómics, esta obra representa el equilibrio perfecto entre la narrativa literaria y el arte secuencial de vanguardia. Es una pieza indispensable que redefine la figura del mago, despojándolo de los trucos de feria para devolverle su estatus de figura trágica y trascendental. Sin recurrir a giros de guion efectistas, la obra atrapa por su atmósfera densa y su profundidad filosófica, consolidándose como un referente ineludible de la fantasía épica en el noveno arte.