Ornella, la novela gráfica del autor mexicano Tony Sandoval, es una pieza fundamental para entender la evolución de su narrativa visual y su capacidad para construir mundos donde la melancolía y lo fantástico convergen de manera orgánica. Publicada originalmente bajo el sello de editoriales como Dibbuks o Paquet, esta obra se aleja de las estructuras convencionales del cómic de aventuras para adentrarse en un terreno mucho más introspectivo, onírico y, por momentos, perturbador.
La historia nos presenta a Ornella, una joven que habita en un entorno rural que parece suspendido en el tiempo, un espacio donde la frontera entre la realidad cotidiana y el plano de lo sobrenatural es casi inexistente. El motor narrativo de la obra es la búsqueda: Ornella ha perdido a su padre y, movida por una mezcla de esperanza y desesperación, decide emprender un viaje hacia lo desconocido para encontrarlo. Sin embargo, este viaje no es solo un desplazamiento físico a través de bosques y parajes desolados, sino un descenso hacia las profundidades de su propia psique y hacia los rincones más oscuros de un mundo que se rige por leyes caprichosas.
Desde el punto de vista temático, Sandoval explora en *Ornella* la pérdida de la inocencia y el duelo. La protagonista no es la heroína clásica de los cuentos de hadas; es una figura vulnerable, marcada por una soledad latente que el autor subraya a través de diálogos pausados y silencios prolongados. A medida que Ornella se interna en el bosque, se encuentra con una serie de criaturas y entidades que personifican tanto la belleza como el horror. Estos seres no actúan necesariamente como aliados o enemigos en el sentido tradicional, sino como espejos de las emociones de la protagonista o como guardianes de un umbral que ella debe cruzar para alcanzar la madurez o la aceptación.
El apartado gráfico es, sin duda, el pilar sobre el que se sostiene la obra. Tony Sandoval despliega su característico estilo de acuarelas, donde las texturas orgánicas y las paletas de colores desaturados —con predominio de grises, verdes musgo y tonos tierra— crean una atmósfera de ensueño constante. Su trazo, que combina la delicadeza de la ilustración infantil con la deformidad de lo grotesco, permite que los personajes posean una expresividad única. Los ojos grandes y melancólicos de Ornella contrastan con la arquitectura orgánica y a veces amenazante del entorno, logrando que el lector sienta la opresión del bosque y la inmensidad del vacío que la rodea.
La narrativa visual de *Ornella* destaca por su ritmo pausado. Sandoval se toma el tiempo necesario para que el lector respire el ambiente, utilizando composiciones de página que a menudo rompen la rejilla tradicional para dar paso a ilustraciones a sangre que enfatizan la magnitud del paisaje. No es un cómic de acción trepidante, sino de sensaciones. La tensión se construye a través de lo que no se dice y de la presencia constante de lo oculto tras los árboles o bajo la superficie del agua.
Otro aspecto relevante es el tratamiento de lo macabro. Al igual que en otras obras del autor como *Doomboy* o *El cadáver y el sofá*, en *Ornella* existe una fascinación por la muerte y lo decadente, pero tratada con una sensibilidad poética que evita el morbo gratuito. Lo extraño se presenta como algo natural, y es precisamente esa normalización de lo fantástico lo que dota a la obra de una fuerza hipnótica.
En conclusión, *Ornella* es una obra imprescindible para los amantes del cómic de autor que buscan historias con una fuerte carga emocional y estética. Es un relato sobre la persistencia frente a la ausencia, una fábula gótica moderna que invita a la reflexión sobre los vínculos familiares y los sacrificios que estamos dispuestos a hacer para recuperar lo que hemos perdido. Sandoval logra, una vez más, capturar la esencia de la nostalgia y transformarla en una experiencia visual inolvidable, consolidando a Ornella como uno de sus personajes más emblemáticos y humanos dentro de su vasto y sombrío universo creativo.