El Mercenario: La cumbre del realismo pictórico en el noveno arte
Publicada por primera vez en 1981 en las páginas de la revista *Cimoc*, *El Mercenario* no es solo una serie de historietas, sino un hito técnico y artístico que redefinió las posibilidades visuales del medio. Creada, escrita y dibujada íntegramente por el autor barcelonés Vicente Segrelles, la obra se desmarca de la tradición del cómic europeo de la época al abandonar el trazo de línea y tinta en favor de una técnica de óleo sobre cartón. Este enfoque convierte cada viñeta en una pintura al óleo independiente, dotando a la narrativa de una tridimensionalidad, una textura y un manejo de la luz que rozan el fotorrealismo.
La historia se sitúa en un entorno geográfico tan fascinante como claustrofóbico: el País de las Nubes. Localizado en un valle recóndito y perpetuamente oculto de la cordillera del Himalaya, este mundo se encuentra aislado del resto de la civilización por una densa e impenetrable capa de nubes. Debido a las condiciones atmosféricas únicas de esta región, la vida ha evolucionado de manera distinta, permitiendo la existencia de criaturas gigantescas y una flora exótica que desafía las leyes de la biología convencional. En este escenario, el transporte y la guerra no se libran a caballo, sino a lomos de reptiles voladores gigantes, una suerte de dragones domesticados que son el eje central de la movilidad en el reino.
El protagonista, conocido simplemente como el Mercenario, es un guerrero de élite que ofrece sus servicios al mejor postor. A diferencia de otros héroes del género de "espada y brujería", el Mercenario no es un bárbaro impulsivo ni un elegido por el destino; es un profesional metódico, un hombre de honor con un código ético estricto y una inteligencia táctica superior. Su equipo, que incluye una armadura de placas detallada con precisión histórica y un arsenal variado, refleja su pragmatismo. A lo largo de sus aventuras, el protagonista se ve envuelto en conflictos que escalan desde simples misiones de rescate o escolta hasta complejas intrigas políticas y religiosas que amenazan el equilibrio del País de las Nubes.
Uno de los pilares narrativos de la obra es la Orden del Cráter, una misteriosa organización de sabios y monjes que custodian conocimientos antiguos. A través de ellos, Segrelles introduce un elemento diferenciador: la sutil mezcla de fantasía medieval con pinceladas de ciencia ficción o tecnología anacrónica. El Mercenario a menudo debe enfrentarse a artefactos que parecen superar la comprensión de su tiempo, lo que añade una capa de misterio sobre el verdadero origen de la civilización en el valle.
El reparto secundario está encabezado por figuras como Nan-Tay, una guerrera cuya destreza y relevancia en la trama rompe con los estereotipos de la época, actuando como aliada y contrapunto del protagonista. Juntos, recorren paisajes que van desde fortalezas inexpugnables construidas en picos verticales hasta ciudades flotantes y laboratorios subterráneos.
Visualmente, el trabajo de Segrelles es prodigioso. Su dominio de la anatomía humana y animal, sumado a una capacidad obsesiva para recrear materiales como el metal, el cuero, la roca y la piel, otorga a la obra una verosimilitud asombrosa. El uso del color no es meramente decorativo; la atmósfera, cargada de humedad y bruma, se siente tangible gracias a las veladuras y empastes del óleo. Cada álbum de la serie es un ejercicio de paciencia y maestría técnica que le valió el reconocimiento internacional, siendo publicado en más de catorce países y admirado por cineastas y artistas de todo el mundo.
En definitiva, *El Mercenario* es una obra fundamental para entender el auge del cómic adulto de los años 80. Es una saga que invita a la contemplación pausada, donde el guion, aunque sólido y lleno de aventuras clásicas, a menudo se rinde ante la majestuosidad de un apartado gráfico que sigue siendo, a día de hoy, prácticamente inigualado en la historia del cómic mundial. Es la fantasía épica elevada a la categoría de bellas artes.