El Viejito, la obra escrita e ilustrada por el reconocido artista chileno Gabriel Rodríguez, representa un hito fundamental en la narrativa gráfica contemporánea de Sudamérica. Publicada originalmente por la editorial Arcano IV, esta novela gráfica se aleja de las estructuras convencionales del cómic de superhéroes para adentrarse en un terreno donde la ciencia ficción, el post-apocalipsis y el drama humano convergen en una propuesta visualmente sobrecogedora.
La historia nos sitúa en un futuro indeterminado, en un Chile que ha sobrevivido a un colapso sistémico. El escenario principal es una versión decadente y ruinosa de Santiago y sus alrededores, donde los hitos arquitectónicos que hoy conocemos —como el edificio Costanera Center o el río Mapocho— aparecen como esqueletos de una civilización que ya no existe. En este contexto, el protagonista es un hombre de avanzada edad, conocido simplemente como "El Viejito", cuya apariencia frágil y cansada esconde una determinación inquebrantable y una habilidad de supervivencia forjada en la necesidad.
La premisa narrativa es, en apariencia, sencilla: el protagonista debe emprender un viaje desde las ruinas de la capital hacia el sur del país para cumplir una misión personal de vital importancia. Sin embargo, lo que comienza como una travesía solitaria pronto se transforma en una odisea compartida cuando se cruza en su camino una niña llamada Nico. Esta relación se convierte en el núcleo emocional del cómic, estableciendo una dinámica de protección y aprendizaje mutuo en un mundo donde la inocencia es un recurso escaso y peligroso.
Desde el punto de vista técnico, Gabriel Rodríguez despliega todo el virtuosismo que lo ha llevado a la cima de la industria internacional (siendo mundialmente famoso por *Locke & Key*). En El Viejito, Rodríguez opta por un dibujo detallista y minucioso, donde su formación como arquitecto brilla con luz propia. Cada viñeta está cargada de información visual que ayuda a construir el "world-building" sin necesidad de extensos bloques de texto explicativo. Las ruinas no son meros fondos; son personajes que cuentan la historia de la caída del mundo. El uso de las sombras y la composición de las páginas guían al lector a través de un ritmo pausado pero implacable, capturando la atmósfera de desolación y la constante amenaza que acecha en las sombras de la ciudad muerta.
El mundo de El Viejito está habitado por facciones que luchan por los restos de tecnología y recursos. El autor introduce elementos de ciencia ficción "low-tech", donde los restos de la alta tecnología del pasado se mezclan con soluciones rudimentarias y brutales. No obstante, el cómic evita caer en los tropos comunes del género de acción desenfrenada. En su lugar, se centra en la introspección y en el peso de la memoria. El protagonista carga con el lastre de un pasado que el lector va descubriendo a cuentagotas, lo que añade una capa de misterio sobre sus verdaderas motivaciones y el contenido de la carga que transporta con tanto celo.
Temáticamente, la obra explora la resiliencia humana y la transmisión del conocimiento entre generaciones. A través de los ojos del anciano, vemos un mundo que ha perdido su rumbo, mientras que a través de la niña, vislumbramos la posibilidad de una nueva forma de existencia. Es una reflexión sobre qué es lo que realmente merece ser preservado cuando todo lo demás se ha perdido: ¿son los objetos, los recuerdos o la capacidad de empatía?
En conclusión, El Viejito es una pieza de autor que demuestra la madurez del cómic chileno. Es una obra que exige una lectura atenta para apreciar la riqueza de su arte y la profundidad de su