El Hombre Oculto, con guion de Helio Mira y dibujo del icónico Martí (Martí Riera), es una de las obras más asfixiantes y necesarias de la novela gráfica española contemporánea. Publicada por Ediciones La Cúpula, esta obra se sumerge en las profundidades de la posguerra española para rescatar la figura de los "topos": aquellos hombres que, tras el fin de la Guerra Civil y ante el temor a las represalias del bando nacional, optaron por desaparecer de la vida pública ocultándose en sus propias casas, a menudo tras muros falsos o en sótanos angostos, durante años o incluso décadas.
La narrativa nos sitúa en la Barcelona de los años 40, una ciudad gris, hambrienta y vigilante. El protagonista es un hombre que, tras haber militado en el bando perdedor, se ve forzado a una existencia espectral. La premisa no busca el heroísmo bélico ni la épica de la resistencia armada; al contrario, se centra en la resistencia psicológica y física de quien ha sido borrado del mapa social. La sinopsis se articula en torno a la tensión constante de la convivencia en la sombra: el protagonista vive a escasos centímetros de la normalidad impuesta por el nuevo régimen, escuchando a través de los tabiques el paso de los vecinos, las patrullas policiales y el eco de una vida que ya no le pertenece.
Desde el punto de vista del guion, Helio Mira realiza un ejercicio de contención magistral. La historia no se pierde en digresiones políticas complejas, sino que utiliza el contexto histórico como una prensa hidráulica que se cierra sobre el individuo. El foco está en la cotidianidad de lo invisible: el racionamiento compartido en secreto, el silencio absoluto durante las visitas inesperadas y la erosión mental que produce el encierro prolongado. La relación con su familia, especialmente con su esposa —quien se convierte en su único vínculo con el exterior y en su protectora—, es el eje emocional que sostiene el relato, mostrando el sacrificio bidireccional que implicaba mantener a un "topo" con vida.
El apartado visual es, sin duda, el elemento que eleva a *El Hombre Oculto* a la categoría de obra de culto. Martí, conocido por su estilo heredero de Chester Gould (*Dick Tracy*) y su paso por la mítica revista *El Víbora*, despliega aquí un blanco y negro de contrastes violentos. Su dibujo, caracterizado por un entintado denso y figuras de rasgos ligeramente grotescos y pétreos, es el vehículo perfecto para transmitir la claustrofobia del relato. Las sombras no son solo un recurso estético, sino un personaje más; la oscuridad envuelve al protagonista, mimetizándolo con el mobiliario y las grietas de la casa. El estilo de Martí, que siempre ha tenido una cualidad sucia y visceral, dota a la Barcelona de posguerra de una atmósfera de pesadilla noir que acentúa la sensación de peligro inminente.
La obra evita caer en el sentimentalismo fácil. En su lugar, opta por una crudeza seca que refleja la realidad de una España fracturada. El ritmo narrativo es pausado, permitiendo que el lector sienta el peso del tiempo que transcurre para el hombre oculto. Cada crujido de la madera o cada golpe en la puerta principal se vive con una intensidad eléctrica, transformando un drama doméstico en un thriller de suspense psicológico de alta intensidad.
En definitiva, *El Hombre Oculto* es un estudio sobre el miedo y la supervivencia. Es una crónica sobre la deshumanización que conlleva el aislamiento forzado y un recordatorio de las heridas invisibles de un conflicto que no terminó con el último parte de guerra. La colaboración entre Mira y Martí resulta en un cómic donde la forma y el fondo se alinean para ofrecer una experiencia inmersiva en el silencio y la oscuridad de la historia de España. Es una pieza fundamental para entender el uso del lenguaje secuencial como herramienta de memoria histórica, alejándose de los libros de texto para centrarse en el latido, a veces agónico, de quien decidió morir en vida para no ser ejecutado.