Publicada originalmente en 2015 como una miniserie de cinco números, "Star Wars: Lando" se ha consolidado como una de las obras más sofisticadas y emocionalmente resonantes del nuevo canon de Marvel Comics. Escrita por Charles Soule y dibujada por Alex Maleev, esta historia logra alejarse de la épica de la Rebelión para sumergirse en los bajos fondos de la galaxia, ofreciendo un estudio de personaje que redefine nuestra percepción del carismático jugador antes de su aparición en *El Imperio Contraataca*.
La trama se sitúa en un punto indeterminado entre *Una nueva esperanza* y el encuentro en Ciudad Nube. Aquí, Lando Calrissian no es un líder ni un héroe; es un estafador profesional, un seductor de mundos y, sobre todo, un hombre acosado por las deudas. La narrativa arranca con una premisa clásica del género de atracos (*heist movie*): Lando debe saldar una cuenta pendiente con un sindicato criminal y, para ello, planea el robo de una nave de lujo aparentemente desprotegida en los astilleros imperiales de Sullust.
Para llevar a cabo esta misión, Lando reúne a un equipo ecléctico que refleja la diversidad del submundo de Star Wars. Entre ellos destacan los gemelos Aleksin y Pavol, guerreros letales con una conexión casi mística, y Sava Korin Pers, una experta en antigüedades. Sin embargo, el núcleo emocional del cómic es la relación entre Lando y Lobot. En esta obra, Soule realiza un trabajo magistral al dotar de humanidad a Lobot, mostrándolo no como el autómata silencioso que conocemos, sino como el mejor amigo de Lando, un hombre que aún lucha por mantener su conciencia frente a los implantes cibernéticos que amenazan con borrar su personalidad.
El conflicto estalla cuando el equipo aborda la nave, bautizada como la *Imperialis*. Lo que Lando creía que era un simple transporte de tesoros resulta ser el yate privado del Emperador Palpatine. A partir de este momento, el cómic cambia de tono, transformándose de una aventura de ladrones de guante blanco en un thriller de supervivencia con tintes de terror gótico. La *Imperialis* no es solo una nave; es un museo de reliquias Sith y artefactos oscuros que ejercen una influencia corruptora sobre quienes se atreven a profanar su interior.
El guion de Charles Soule destaca por su ritmo impecable y por diálogos que capturan a la perfección la voz de Billy Dee Williams: esa mezcla de arrogancia, encanto y una vulnerabilidad oculta tras una sonrisa impecable. Soule entiende que el motor de Lando no es la codicia, sino la libertad y la lealtad hacia los suyos, incluso cuando sus decisiones ponen a todos en peligro mortal.
En el apartado visual, el arte de Alex Maleev es determinante para la identidad de la obra. Conocido por su estilo sucio, atmosférico y cargado de texturas, Maleev se aleja del realismo fotográfico pulcro de otros títulos de la franquicia. Su uso de las sombras y una paleta de colores apagada, interrumpida solo por el brillo de los sables de luz o la opulencia de los tesoros imperiales, crea una atmósfera de cine negro espacial. Maleev logra que la tecnología de Star Wars se sienta usada, peligrosa y antigua, lo cual encaja perfectamente con el tono de la historia.
"Star Wars: Lando" es, en última instancia, una tragedia sobre las consecuencias de la ambición y el precio de la amistad. Sin necesidad de recurrir a grandes cameos o eventos que