Patrulla Fronteriza, la obra escrita e ilustrada por el talentoso autor español Fran Galán, se erige como una de las propuestas más atmosféricas y visualmente impactantes del cómic europeo contemporáneo. Publicada originalmente bajo el sello de Dib-buks, esta obra se aleja de los convencionalismos del género de aventuras para adentrarse en un terreno híbrido donde la fantasía oscura, el horror sobrenatural y el drama bélico se entrelazan de manera indisoluble.
La premisa de la obra nos sitúa en un enclave geográfico y metafísico conocido simplemente como "La Frontera". Sin embargo, el lector descubre rápidamente que este no es un límite político o geográfico convencional entre dos naciones en conflicto. Se trata de una barrera existencial, un muro que separa la civilización conocida de un territorio salvaje, brumoso y poblado por entidades que desafían la comprensión humana. En este escenario, la Patrulla Fronteriza no es un cuerpo de seguridad ordinario; es la última línea de defensa contra lo inexplicable, un grupo de hombres y mujeres destinados a vigilar un umbral donde las leyes de la realidad parecen diluirse.
La narrativa se centra en el día a día de una unidad específica de esta patrulla. A través de sus ojos, el lector experimenta el aislamiento extremo y la tensión constante que supone custodiar un lugar donde el enemigo no siempre es visible o tangible. El grupo está compuesto por personajes con pasados complejos, individuos que, por diversas razones —ya sea por castigo, por falta de alternativas o por un retorcido sentido del deber—, han terminado en el puesto más peligroso y olvidado del mundo. La dinámica entre los veteranos, curtidos por años de horrores indescriptibles, y los recién llegados, que aún conservan una pizca de ingenuidad, sirve como motor emocional de la historia.
El conflicto central de la obra se dispara cuando la relativa y tensa calma de la frontera se ve alterada por una serie de incidentes que sugieren que "algo" al otro lado está cambiando. La amenaza deja de ser una presencia latente para convertirse en una fuerza activa que pone a prueba no solo la capacidad militar de la patrulla, sino también su integridad mental. Fran Galán utiliza este escenario para explorar temas universales como el miedo a lo desconocido, la alienación del soldado y la delgada línea que separa el cumplimiento del deber de la locura.
Desde el punto de vista artístico, *Patrulla Fronteriza* es un despliegue de maestría técnica. Galán emplea un estilo que bebe del expresionismo, con un uso del color que es fundamental para la narrativa. Las paletas cromáticas no solo describen el entorno, sino que dictan el estado anímico de las escenas: desde los grises y azules gélidos que transmiten la soledad del muro, hasta los estallidos de colores cálidos y violentos que acompañan los momentos de acción o manifestación sobrenatural. El diseño de las criaturas y del entorno es soberbio, logrando crear una sensación de "maravilla terrorífica" que mantiene al lector en un estado de fascinación constante.
El ritmo del cómic está cuidadosamente medido. Galán alterna con inteligencia los momentos de introspección y silencio —donde el paisaje se convierte en un personaje más— con secuencias de una intensidad visceral. No se trata de una obra que busque el susto fácil o la acción gratuita; cada viñeta está cargada de una intención narrativa que busca sumergir al lector en la psicología de sus protagonistas. La construcción del mundo (*world-building*) es sutil pero profunda: no se nos explica todo mediante extensos cuadros de texto, sino que se nos invita a deducir la magnitud del universo a través de