La Maga, obra fundamental de la historieta argentina contemporánea, representa uno de los puntos álgidos en la colaboración entre el guionista Carlos Trillo y el dibujante Domingo Mandrafina. Publicada originalmente a finales de la década de los 80 y principios de los 90, esta obra se aleja de los convencionalismos del género de aventuras para adentrarse en un terreno donde el realismo sucio, la alegoría política y el misticismo urbano se entrelazan de manera indisoluble.
La narrativa se sitúa en una metrópolis asfixiante, una ciudad que funciona como un organismo vivo, corrupto y decadente. En este escenario, la protagonista, conocida simplemente como Maga, se presenta no como una heroína en el sentido tradicional, sino como una figura enigmática que posee un don —o una maldición— que escapa a la comprensión de quienes la rodean. Su capacidad para alterar la percepción de la realidad o influir en el destino de los demás la convierte en el objeto de deseo y temor de las diversas facciones que ostentan el poder en la sombra.
El guion de Trillo construye una trama densa que evita las explicaciones fáciles. La historia se estructura a través de una serie de encuentros y desencuentros en los que Maga transita por los estratos más bajos y más altos de la sociedad. A través de sus ojos, el lector es testigo de una red de corrupción política, ambición desmedida y desesperanza social. La "magia" que da título a la obra no se manifiesta mediante trucos espectaculares, sino como una fuerza disruptiva que pone en evidencia las miserias humanas y las estructuras de control que rigen la ciudad.
Desde el punto de vista visual, el trabajo de Domingo Mandrafina es esencial para definir la identidad de la obra. Su estilo, caracterizado por un uso magistral del claroscuro y una línea expresionista, dota a la ciudad de una atmósfera opresiva y casi tangible. Los rostros de los personajes secundarios suelen estar cargados de una fealdad grotesca que refleja su degradación moral, contrastando con la figura de Maga, quien mantiene una belleza melancólica y distante. El dibujo de Mandrafina no solo ilustra la historia, sino que narra por sí mismo, utilizando las sombras para ocultar intenciones y los encuadres cerrados para transmitir la sensación de encierro que sufren los protagonistas.
Uno de los pilares temáticos de La Maga es la lucha del individuo frente a un sistema que intenta asimilarlo o destruirlo. Maga representa lo incontrolable, aquello que no puede ser cuantificado ni comprado por los poderosos. Su presencia actúa como un catalizador que obliga a los demás personajes a enfrentarse a sus propios vacíos existenciales. La obra explora la soledad urbana y la búsqueda de sentido en un mundo que parece haber perdido su brújula ética.
La narrativa de Trillo es elíptica y poética, exigiendo una participación activa del lector para completar los huecos de una trama que se siente fragmentaria, como los recuerdos de un sueño o una pesadilla. No hay concesiones al optimismo gratuito; el tono es cínico y desencantado, propio del *noir* más puro, pero con un matiz fantástico que eleva el relato por encima de la crónica policial.
En resumen, La Maga es una pieza clave para entender la evolución del cómic adulto. Es una obra que utiliza el lenguaje de la historieta para realizar una disección social y psicológica, apoyada en una sinergia perfecta entre un guion literario profundo y un apartado gráfico que es, en sí mismo, una lección de narrativa visual. Es una historia sobre el poder, la mirada del otro y la resistencia de lo inexplicable en un mundo que pretende tener respuesta para todo. Su relevancia reside en su capacidad para permanecer vigente como un retrato atemporal de la condición humana y las sombras que proyecta la vida en la gran ciudad.