El Rey de Paja

El Rey de Paja, la obra magna de Rubén Fdez. publicada por Astiberri, se erige como una de las piezas más singulares, perturbadoras y visualmente arrolladoras del cómic español contemporáneo. Conocido mayoritariamente por su faceta como humorista en la revista *El Jueves* y por obras de corte satírico como *Federik Freak*, Fdez. realiza en este volumen un giro de ciento ochenta grados para sumergirse en una fantasía oscura, de tintes surrealistas y una densidad narrativa que exige una lectura reposada y atenta.

La trama nos sitúa en un mundo indeterminado, una suerte de medievo onírico y decadente, donde la lógica parece haberse fracturado bajo el peso de tradiciones inmemoriales y una crueldad inherente a la existencia. El protagonista es Miku, un niño de apariencia frágil y ojos desorbitados que habita en los márgenes de una sociedad grotesca. La premisa arranca con un evento que define el destino del joven: Miku es designado como el nuevo "Rey de Paja". Sin embargo, lejos de ser un título de gloria o poder real, esta corona es una carga simbólica y física que lo arrastra a un viaje a través de paisajes desoladores y encuentros con criaturas que parecen extraídas de las pesadillas de El Bosco o de las visiones más febriles de la literatura de terror folclórico.

El concepto del "Rey de Paja" remite a la figura antropológica del rey sacrificado, aquel que es elevado a la divinidad solo para cargar con los pecados, las desgracias y la finitud de su pueblo. Miku, en su deambular, se convierte en un testigo mudo y sufriente de un ecosistema regido por la ley del más fuerte, la superstición y una religiosidad deforme. La narrativa no se apoya en grandes diálogos explicativos; al contrario, Fdez. confía en la capacidad del lector para interpretar un mundo que se revela a través de la acción y, sobre todo, de la atmósfera.

Visualmente, el cómic es un prodigio de la técnica del blanco y negro. El autor abandona la línea clara y el estilo caricaturesco de sus trabajos anteriores para abrazar un barroquismo asfixiante. Cada página es un ejercicio de *horror vacui*, donde el entintado denso y minucioso crea texturas que casi se pueden palpar: el barro, la paja, la carne corrupta y las estructuras arquitectónicas imposibles. El uso de las sombras no solo sirve para dar volumen, sino para subrayar la opresión de un entorno donde la luz parece haber sido desterrada. El diseño de personajes es igualmente destacable, combinando una anatomía exagerada con una expresividad que bascula entre la inocencia más pura y la maldad más abyecta.

A nivel temático, *El Rey de Paja* explora la pérdida de la inocencia y la arbitrariedad del poder. Miku no elige su destino, se le impone, y su lucha no es por la justicia o la redención, sino por la mera supervivencia en un sistema que lo devora sistemáticamente. La obra reflexiona sobre cómo las sociedades construyen sus mitos y cómo estos mitos, a menudo, requieren de la destrucción del individuo para sostenerse. Es una historia sobre la soledad absoluta y la fragilidad del ser humano frente a fuerzas que no comprende y que no tienen interés en su bienestar.

La estructura del cómic es episódica pero cohesionada, funcionando como una pesadilla lúcida que avanza de forma inexorable hacia un clímax que se siente tan inevitable como trágico. No hay concesiones al lector; no hay alivio cómico ni momentos de descanso. Es una obra visceral que busca incomodar, no a través del *gore* gratuito —aunque hay momentos de una violencia visual impactante—, sino a través de la construcción de una desesperanza existencial profunda.

En conclusión, *El Rey de Paja* es un hito en la trayectoria de Rubén Fdez. y una lectura obligatoria para cualquier entusiasta del noveno arte que busque propuestas que desafíen los límites del género fantástico. Es un cómic que se siente antiguo y moderno a la vez, una fábula oscura que prescinde de moralejas fáciles para ofrecer, en su lugar, una experiencia estética y emocional de una potencia difícil de igualar. Una obra que confirma que, tras la máscara del humorista, se escondía un autor capaz de cartografiar los rincones más sombríos de la imaginación humana.

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