El Corso (Ricardo Ferrari – Enio Leguizamón) (1986)

Publicado originalmente en 1986 en las páginas de la mítica revista *Skorpio* de Ediciones Record, *El Corso* representa una de las cumbres de la historieta de aventuras argentina de finales del siglo XX. Escrita por Ricardo Ferrari y dibujada por Enio Leguizamón, la obra se aleja de los tropos románticos de la piratería clásica para ofrecer una visión cruda, cínica y profundamente humana de la vida en alta mar durante la era de la navegación a vela.

La trama se sitúa en un contexto histórico donde las potencias coloniales utilizaban a marinos independientes —los corsarios— para hostigar el comercio enemigo bajo el amparo de una "patente de corso". El protagonista, que da nombre a la serie, es un capitán que personifica la ambigüedad moral de su oficio. No es un héroe de capa y espada movido por el honor, ni un villano unidimensional sediento de sangre; es, ante todo, un profesional de la guerra y el saqueo que debe navegar no solo por aguas peligrosas, sino también por las traicioneras corrientes de la política internacional y las lealtades volubles.

El guion de Ricardo Ferrari destaca por su densidad narrativa y su capacidad para dotar de trasfondo psicológico a cada personaje. Ferrari evita las estructuras episódicas simples. En su lugar, construye una red de tensiones donde el conflicto físico es a menudo la consecuencia de dilemas éticos o de la pura necesidad de supervivencia. La narrativa se centra en la cotidianeidad del barco, la disciplina férrea necesaria para mantener a flote una comunidad de hombres desesperados y el peso constante de la muerte. El mar no es aquí un escenario idílico, sino un entorno hostil, un vacío que devora hombres y barcos por igual, y que sirve como espejo de la soledad del mando.

En el apartado visual, Enio Leguizamón realiza un trabajo magistral que define la atmósfera de la obra. Su estilo, característico de la escuela argentina de la época, utiliza un blanco y negro de contrastes violentos y un entintado cargado de texturas. Leguizamón logra capturar la suciedad, el desgaste de la madera, el salitre en la piel y la fatiga en los rostros de los marineros. El diseño de los navíos es meticuloso, aportando un realismo técnico que ancla la historia en su época, pero es en la expresividad de los personajes donde el dibujo alcanza su mayor cota. Las miradas, los gestos mínimos y la composición de las viñetas refuerzan el tono melancólico y a veces opresivo del relato.

La obra explora temas universales como la libertad individual frente al poder del Estado, la camaradería nacida del peligro y la futilidad de la ambición en un mundo que cambia rápidamente. *El Corso* no busca la espectacularidad gratuita; prefiere detenerse en los silencios de la cubierta tras una batalla o en las conversaciones privadas donde se deciden destinos. La relación entre el capitán y su tripulación es uno de los ejes centrales, mostrando cómo la autoridad se sostiene sobre un equilibrio precario entre el respeto, el miedo y la competencia técnica.

Sin recurrir a giros argumentales artificiosos, el cómic mantiene el interés a través de una progresión orgánica de los acontecimientos. Cada abordaje, cada tormenta y cada escala en puerto se siente como una pieza de un rompecabezas mayor sobre la condición humana. La colaboración entre Ferrari y Leguizamón resulta en una obra cohesionada donde el texto y la imagen se complementan para crear una experiencia inmersiva.

En resumen, *El Corso* es una pieza fundamental para entender la evolución del género de aventuras en el cómic adulto. Es una historia de hombres marcados por su tiempo, que encuentran en la inmensidad del océano un refugio y una cárcel a la vez. Una obra que prescinde de la épica vacía para centrarse en la verdad de los personajes, consolidándose como un referente del catálogo de Ediciones Record y un testimonio del talento de sus autores para elevar el género de piratería a la categoría de drama existencial.

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