*Falka*, la obra escrita y dibujada por Arkaitz González y publicada por Grafito Editorial, se erige como una de las propuestas más sólidas y visualmente impactantes de la ciencia ficción contemporánea en el panorama del cómic español. La narrativa nos sumerge en un futuro distópico donde la humanidad ha expandido sus fronteras hacia las estrellas, pero arrastrando consigo las sombras de la codicia, la estratificación social y la violencia sistémica. En este escenario de acero, neón y vacío espacial, conocemos a la protagonista que da nombre al título: una "recuperadora" de élite cuya reputación precede a sus actos.
La trama se aleja de los heroísmos idealistas para centrarse en la supervivencia y el profesionalismo cínico. Falka no es una salvadora; es una mercenaria altamente cualificada que opera en las zonas grises de la legalidad galáctica. Su trabajo consiste en recuperar activos, ya sean objetos tecnológicos de valor incalculable o personas que no desean ser encontradas. La historia arranca cuando acepta un encargo que, sobre el papel, parece una misión rutinaria de extracción. Sin embargo, el guion de González despliega rápidamente una red de conspiraciones corporativas que sitúan a la protagonista en el centro de un conflicto mucho mayor de lo que su contrato estipulaba.
El mundo de *Falka* está construido bajo las premisas del *cyberpunk* y el *space opera* más crudo. No estamos ante una visión reluciente del futuro, sino ante una realidad desgastada, donde la tecnología punta convive con la decadencia urbana y la precariedad absoluta. Las megacorporaciones actúan como entidades soberanas, dictando leyes y disponiendo de vidas humanas como si fueran simples asientos contables. En este contexto, la autonomía de la protagonista es su posesión más valiosa y, a la vez, el blanco de todos sus enemigos.
Desde el punto de vista artístico, Arkaitz González realiza un despliegue técnico sobresaliente. Su estilo se caracteriza por un nivel de detalle obsesivo en el diseño de producción. Cada nave espacial, cada arma y cada implante cibernético cuenta con una lógica interna y una estética funcional que dota de verosimilitud al universo. La influencia del cómic europeo de ciencia ficción —con ecos de autores como Moebius o Enki Bilal— es evidente, pero se fusiona con un dinamismo narrativo propio del manga y el cine de acción moderno. El uso del color es fundamental en la obra, empleando paletas que refuerzan la atmósfera opresiva de las estaciones espaciales y el contraste violento de los entornos industriales.
La narrativa visual destaca por su claridad en las secuencias de acción. A pesar de la complejidad de los escenarios y la velocidad de los enfrentamientos, el lector nunca pierde el hilo de la coreografía. González utiliza encuadres cinematográficos que enfatizan la escala de los entornos, logrando que el lector sienta la inmensidad del espacio y la claustrofobia de los suburbios tecnológicos por igual.
Sin entrar en detalles que comprometan la lectura, el conflicto central de la obra obliga a Falka a cuestionar sus propios límites y su código de conducta. Lo que comienza como una persecución frenética evoluciona hacia una reflexión sobre la identidad y el peso del pasado en un mundo que solo valora el presente inmediato. La protagonista debe navegar por un laberinto de traiciones donde las alianzas son volátiles y el precio de un error es la eliminación definitiva.
En conclusión, *Falka* es un cómic que respeta las convenciones del género mientras construye una identidad propia. Es una obra que apela tanto al amante de la ciencia