Calvin y Hobbes, creada por el historietista estadounidense Bill Watterson, es considerada unánimemente como una de las cumbres del noveno arte. Publicada originalmente entre el 18 de noviembre de 1985 y el 31 de diciembre de 1995, esta tira cómica trascendió el formato de los periódicos para convertirse en un tratado filosófico, social y artístico sobre la infancia y la condición humana.
La premisa narrativa se centra en las vivencias de Calvin, un niño de seis años con una imaginación desbordante, un vocabulario prodigioso y una actitud profundamente iconoclasta frente a las instituciones sociales. Su compañero inseparable es Hobbes, un tigre de peluche que, a ojos de Calvin, es un animal antropomórfico, sarcástico, sabio y muy real. La genialidad de Watterson radica en no definir nunca a Hobbes como un amigo imaginario o un simple juguete; en su lugar, presenta dos realidades paralelas que coexisten orgánicamente: cuando Calvin está solo con él, Hobbes es un tigre dinámico; cuando hay otros adultos presentes, Hobbes es un muñeco inanimado. Esta dualidad es el motor de gran parte del humor y la profundidad de la obra.
El universo de la tira se expande a través de un elenco de personajes secundarios que actúan como anclas con la realidad. Sus padres, que carecen de nombre propio para enfatizar su rol funcional, representan la paciencia y el desconcierto de la madurez. Susie Derkins, su vecina y compañera de clase, sirve como el contrapunto racional y femenino a las excentricidades de Calvin. Otros personajes, como la maestra de escuela, la señorita Carcoma, el abusón Moe o la niñera Rosalyn, encarnan los diversos obstáculos y estructuras de autoridad contra los que Calvin choca constantemente.
Desde el punto de vista temático, Calvin y Hobbes utiliza la cotidianidad para explorar conceptos complejos. A través de los famosos descensos en trineo o en carrito de madera —que funcionan como metáforas del transcurrir de la vida y la toma de decisiones—, los personajes discuten sobre el existencialismo, el ecologismo, la política, el consumismo y el sentido del arte. Calvin no es el típico niño de las tiras cómicas; es un filósofo en miniatura que cuestiona la moralidad de sus actos mientras intenta evadir sus responsabilidades escolares o domésticas.
El apartado visual de la obra es igualmente revolucionario. Watterson comenzó con un estilo clásico de línea clara, pero evolucionó hacia un dibujo mucho más expresivo y detallado. Su dominio del ritmo narrativo y del espacio en blanco es magistral. Especial mención merecen las secuencias de la imaginación de Calvin, donde el estilo artístico cambia drásticamente: desde las aventuras de ciencia ficción de "El Capitán Spiff", con paisajes alienígenas inspirados en el surrealismo, hasta las representaciones de dinosaurios con un realismo anatómico sorprendente o las parodias del cine negro en las secuencias de "Tracer Bullet".
En sus últimos años, Watterson luchó contra las restricciones de formato de los periódicos, logrando una libertad creativa sin precedentes para las tiras dominicales. Esto le permitió romper la cuadrícula tradicional, creando composiciones de página completa que son auténticas obras de diseño gráfico, donde el color y la disposición de las viñetas dictan una experiencia de lectura inmersiva.
Finalmente, la integridad de la obra se mantiene intacta debido a la férrea negativa de su autor a comercializarla. No existen peluches, series animadas ni adaptaciones cinematográficas oficiales. Esta decisión ha preservado la pureza de Calvin y Hobbes como una experiencia puramente literaria y visual, donde el lector es el encargado de completar, con su propia imaginación, el mundo que Watterson dibujó con tanta maestría durante una década. Es, en esencia, un retrato atemporal de la curiosidad humana y la resistencia del espíritu creativo frente a la monotonía del mundo adulto.