La Enemiga

Anabel Colazo se ha consolidado como una de las voces más sugerentes y personales del cómic contemporáneo en España. Con obras previas como *Encuentros cercanos* y *No mires atrás*, la autora ya había explorado la intersección entre lo cotidiano, lo paranormal y la fragilidad de la percepción humana. En "La Enemiga" (Salamandra Graphic, 2023), Colazo profundiza en estas constantes, entregando una novela gráfica que funciona como un artefacto de suspense psicológico y una reflexión sobre la otredad y el aislamiento.

La trama nos presenta a Chloé, una joven que decide abandonar la efervescencia de la ciudad para trasladarse a un pequeño pueblo de provincias. Su objetivo es sencillo y aparentemente anodino: ocupar una plaza vacante como bibliotecaria. Este punto de partida, que en otros géneros podría derivar hacia el costumbrismo o el romance rural, es utilizado por Colazo para construir una atmósfera de extrañeza latente. Chloé no busca una aventura, sino una tregua, un espacio de silencio donde reconstruirse tras una etapa vital de la que apenas se nos dan pinceladas, pero que intuimos cargada de ansiedad.

Sin embargo, la paz del entorno rural es solo superficial. A medida que Chloé se integra en la rutina del pueblo y comienza a interactuar con los lugareños, empieza a percibir una anomalía. No se trata de un peligro tangible o una amenaza física inmediata, sino de la presencia de algo —o alguien— que los habitantes denominan "La Enemiga". Este concepto no se define de forma clara desde el inicio; actúa más bien como un rumor, una sombra que planea sobre la comunidad y que parece condicionar el comportamiento de sus vecinos.

El núcleo narrativo de la obra se articula en torno a la investigación informal que Chloé emprende para desentrañar qué es exactamente esa entidad. ¿Es una leyenda local? ¿Un fenómeno sobrenatural? ¿O es, quizás, una proyección colectiva de los miedos y frustraciones de un pueblo que se siente olvidado? Colazo maneja con maestría la ambigüedad, permitiendo que el lector oscile entre la interpretación racional y la fantástica. La autora evita los tropos habituales del terror rural para centrarse en una inquietud más sutil, vinculada a la paranoia y a la dificultad de distinguir la realidad de la percepción subjetiva.

Desde el punto de vista visual, *La Enemiga* es un ejercicio de depuración estilística. Colazo emplea una línea clara, limpia y precisa, que contrasta con la complejidad psicológica de la historia. Su uso del color es fundamental para establecer el tono de la narración: una paleta de tonos fríos, con predominancia de azules, violetas y verdes apagados, que refuerza la sensación de aislamiento y melancolía. La composición de las páginas es ágil, pero se permite momentos de pausa contemplativa, donde el paisaje —ese pueblo que parece atrapado en el tiempo— se convierte en un personaje más, silencioso y vigilante.

Uno de los mayores aciertos del cómic es cómo aborda el tema de la salud mental y el sentimiento de alienación sin caer en el didactismo. La "enemiga" del título puede interpretarse de múltiples formas: como el estigma social, como la propia inseguridad de la protagonista o como esa parte de nosotros mismos que nos sabotea cuando intentamos empezar de cero. La obra explora cómo el entorno influye en nuestra psique y cómo la soledad, lejos de ser un refugio, puede convertirse en un espejo deformante.

En conclusión, *La Enemiga* es una obra que exige una lectura atenta. No ofrece respuestas masticadas ni finales complacientes, sino que invita a reflexionar sobre la naturaleza del miedo y la construcción de la identidad en espacios de aislamiento. Anabel Colazo demuestra una madurez narrativa notable, logrando que lo invisible resulte tan perturbador como lo que se muestra explícitamente en las viñetas. Es un cómic sobre la búsqueda de la verdad en un mundo donde las certezas se desvanecen tras la niebla de lo cotidiano.

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