Durango, creada por el autor belga Yves Swolfs en 1981, representa uno de los pilares fundamentales del género western dentro del cómic europeo (la *bande dessinée*). La serie nace en un momento en que el género buscaba nuevas direcciones, alejándose del clasicismo de obras como *Lucky Luke* o incluso de la visión más realista pero tradicional de *Blueberry*, para abrazar la estética y la narrativa del spaghetti western cinematográfico.
La trama sigue los pasos de Durango, un pistolero solitario y errante que recorre los paisajes áridos y, con frecuencia, nevados del Viejo Oeste a finales del siglo XIX. El personaje es apodado "El Pacificador", un título cargado de ironía dado que su paso por cualquier asentamiento suele dejar un rastro de pólvora y cadáveres. Durango no es el héroe arquetípico de moral inquebrantable; es un hombre pragmático, de pocas palabras y mirada gélida, que actúa como mercenario o justiciero improvisado según las circunstancias, movido a menudo por un sentido de la justicia muy personal y violento.
El elemento más distintivo de la serie, y que define la identidad del protagonista, es su armamento. Tras sufrir una herida incapacitante en su mano derecha en los primeros compases de la saga, Durango se ve obligado a abandonar el revólver tradicional. En su lugar, adopta una Mauser C96, una de las primeras pistolas semiautomáticas de la historia. Este detalle no es meramente estético; cambia por completo la dinámica de los enfrentamientos. Mientras sus adversarios confían en la cadencia limitada de sus seis tiros, Durango introduce una modernidad tecnológica letal que simboliza el fin de una era y el comienzo de otra más mecanizada y eficiente en su brutalidad.
Desde el punto de vista visual y narrativo, Swolfs bebe directamente de la cinematografía de Sergio Leone y Sergio Corbucci. La influencia de la película *El gran silencio* (1968) es evidente, especialmente en el uso de los paisajes invernales de las Montañas Rocosas, que sustituyen al desierto polvoriento para enfatizar la hostilidad del entorno. El dibujo de Swolfs destaca por un realismo sucio y detallado, donde el diseño de vestuario, las armas y la arquitectura de los saloons están documentados con precisión, pero siempre al servicio de una atmósfera opresiva.
La estructura de los álbumes suele seguir un esquema de tensión creciente. Durango llega a una comunidad oprimida por un terrateniente corrupto, una banda de forajidos o un sheriff despótico. A través de un ritmo narrativo que maneja magistralmente los silencios y los planos detalle de las miradas antes del conflicto, la historia desemboca inevitablemente en un clímax de violencia coreografiada. No hay espacio para la redención romántica; el mundo de Durango es cínico, donde la ley del más fuerte ha sido sustituida por la ley del más rápido o, en su caso, del mejor armado.
A medida que la serie avanza (contando con la colaboración posterior de otros artistas como Iko en el dibujo para mantener la longevidad de la obra), el personaje evoluciona sin perder su esencia. Se exploran temas como la venganza, la codicia humana y la soledad del individuo frente a una civilización que avanza implacable, cercando los espacios salvajes donde hombres como él solían habitar.
En resumen, *Durango* es una obra imprescindible para entender la evolución del western en el noveno arte. Es un cómic que captura la crudeza de la frontera, despojándola de mitos caballerescos para mostrar la supervivencia en su estado más puro. Su importancia radica en haber trasladado con éxito la gramática visual del cine europeo de los años 60 y 70 al papel, consolidando a su protagonista como uno de los antihéroes más icónicos y respetados de la historieta franco-belga.