*Mort Cinder*, creada por el guionista Héctor Germán Oesterheld y el dibujante Alberto Breccia, no es solo una de las cumbres de la historieta argentina, sino una pieza fundamental de la narrativa gráfica universal. Publicada originalmente de forma serializada entre 1962 y 1964 en la revista *Misterix*, la obra representa la madurez absoluta de dos autores en la cima de sus capacidades creativas, fusionando el humanismo filosófico de Oesterheld con la experimentación visual vanguardista de Breccia.
La historia comienza en Londres, en el anticuario de Ezra Winston. Ezra es un hombre anciano, rodeado de objetos que cargan con el peso de los siglos, cuya vida transcurre en una quietud melancólica hasta que una serie de eventos inexplicables lo conducen al encuentro con Mort Cinder. Cinder es un enigma viviente: un hombre que ha muerto y resucitado en innumerables ocasiones a lo largo de la historia de la humanidad. No es un ser inmortal en el sentido convencional, sino un "resucitado perpetuo" que conserva las cicatrices, tanto físicas como emocionales, de sus vidas pasadas.
La estructura narrativa de la obra se aleja de la continuidad lineal para adoptar un formato episódico. A través de los objetos que Ezra posee en su tienda o de los relatos que Mort comparte, el lector es transportado a diferentes épocas y escenarios: desde la construcción de la Torre de Babel hasta las trincheras de la Primera Guerra Mundial, pasando por prisiones decimonónicas o barcos negreros. Sin embargo, *Mort Cinder* no es un cómic de aventuras históricas al uso. Cada relato es una exploración profunda de la condición humana, el sacrificio, la crueldad y la resistencia ante la injusticia.
El guion de Oesterheld dota a Mort Cinder de una gravedad existencial única. Mort no es un héroe invulnerable; es un testigo cansado, un hombre que ha visto lo mejor y lo peor de nuestra especie y que carga con la memoria de mil muertes. Su relación con Ezra Winston —quien, curiosamente, fue modelado físicamente a partir del propio Alberto Breccia— sirve como ancla emocional. Ezra representa la curiosidad y el asombro humano, mientras que Mort encarna la experiencia trágica y la sabiduría dolorosa.
En el apartado visual, el trabajo de Alberto Breccia en esta obra marcó un antes y un después en la historia del medio. Breccia abandonó los cánones del dibujo clásico para sumergirse en un expresionismo radical. Utilizando herramientas poco convencionales para la época, como hojas de afeitar, esponjas y palillos, el artista creó texturas orgánicas y atmósferas cargadas de un claroscuro asfixiante. El uso de las sombras en *Mort Cinder* no es meramente estético; es narrativo. El negro absoluto domina las páginas, sugiriendo que la historia de la humanidad es un breve destello de luz rodeado por una oscuridad insondable. Cada viñeta es una pieza de arte donde el contraste define no solo las formas, sino también el tono moral de la historia.
La obra destaca por su capacidad para tratar temas universales sin caer en el didactismo. A través de los ojos de Mort, el lector se enfrenta a la futilidad de la guerra, la ambición desmedida y la soledad del individuo frente al destino. A pesar de su trasfondo fantástico, el cómic mantiene un realismo psicológico crudo que lo aleja de las convenciones del género de terror o ciencia ficción de la época.
En conclusión, *Mort Cinder* es una obra densa, atmosférica y profundamente intelectual. Es un estudio sobre el tiempo y la memoria, envuelto en una estética visual que sigue resultando moderna y desafiante décadas después de su publicación. Para cualquier estudioso o entusiasta del cómic, representa el punto donde la historieta dejó de ser considerada un mero entretenimiento juvenil para reclamar su lugar como una forma de arte mayor, capaz de abordar las preguntas más complejas de la existencia humana.