Mandanga, la obra gestada por el dibujante Víctor Araque y la colorista Andrea Torrejón, se erige como una de las propuestas más frescas y visualmente estimulantes dentro del panorama del cómic europeo contemporáneo. Publicada bajo el modelo de micromecenazgo de Spaceman Project, esta obra no es solo una incursión en la ciencia ficción, sino una reinterpretación gamberra, dinámica y profundamente estética del género de la *space opera*.
La narrativa de *Mandanga* nos sitúa en un universo vasto, abigarrado y decididamente caótico. La historia sigue las desventuras de una tripulación de buscavidas, mercenarios de poca monta y proscritos que operan en los márgenes de la legalidad intergaláctica. El eje central de la trama gira en torno a la búsqueda de un objeto de valor incalculable —o al menos, lo suficientemente valioso como para atraer la atención de las facciones más peligrosas de la galaxia—. Sin embargo, lejos de los tropos solemnes de las grandes epopeyas espaciales, el guion de Araque apuesta por un ritmo frenético donde el humor cínico y la acción desenfrenada son los verdaderos motores de la historia.
El mundo que habitan los protagonistas es un cosmos "sucio" y vivido, que bebe directamente de la tradición de la ciencia ficción de los años 70 y 80, pero pasada por un tamiz de modernidad. No estamos ante un futuro aséptico de naves relucientes, sino ante un entorno de chatarra tecnológica, estaciones espaciales decadentes y planetas exóticos donde la vida es barata y el ingenio es la única herramienta de supervivencia. La construcción de este universo es orgánica; el lector no recibe largas exposiciones teóricas sobre la geopolítica galáctica, sino que la descubre a través de los diálogos afilados y las situaciones límite en las que se ven envueltos los personajes.
Desde el punto de vista artístico, *Mandanga* es un despliegue de virtuosismo técnico. El dibujo de Víctor Araque destaca por una línea cinética y detallada que recuerda a los grandes maestros del cómic franco-belga, pero con una agresividad y una elasticidad propias del cómic independiente americano. El diseño de personajes es uno de los puntos fuertes de la obra: cada alienígena, robot o humanoide posee una identidad visual única, huyendo de los diseños genéricos para ofrecer una fauna galáctica rica y sorprendente. Las composiciones de página son arriesgadas y fluidas, logrando que las secuencias de persecución y combate tengan una lectura cinematográfica que nunca sacrifica la claridad narrativa.
No obstante, es imposible hablar de *Mandanga* sin destacar el trabajo de Andrea Torrejón en el color. Su paleta no es meramente decorativa, sino narrativa. El uso de colores vibrantes, neones eléctricos y contrastes audaces define la atmósfera de cada escenario, separando emocionalmente los momentos de tensión de los de comedia. El color aporta una profundidad tridimensional a los lápices de Araque, convirtiendo cada viñeta en una explosión visual que refuerza esa sensación de "caos controlado" que impregna toda la obra.
La química entre los miembros de la tripulación es el corazón emocional del cómic. Aunque se presentan como individuos egoístas movidos por el lucro, la narrativa permite vislumbrar una lealtad forjada en el fuego de la adversidad. Esta dinámica de "familia encontrada" añade una capa de humanidad a una historia que, de otro modo, podría haberse quedado en el simple ejercicio de estilo.
En conclusión, *Mandanga* es una obra que entiende perfectamente sus referentes —desde el espíritu de *Star Wars* o *Guardianes de la Galaxia* hasta la estética de Moebius o Enki Bilal— pero que logra destilarlos para crear algo con voz propia. Es un cómic que prioriza el entretenimiento inteligente, el diseño de vanguardia y una narrativa que no da respiro al lector. Para los amantes de la ciencia ficción que buscan algo alejado de los cánones más rígidos y que disfrutan de un apartado gráfico sobresaliente, *Mandanga* se posiciona como una lectura imprescindible que demuestra el excelente estado de salud de la autoría de cómic en España.