Deathblow Vol2

Deathblow Vol. 2, publicada entre 2006 y 2008 bajo el sello WildStorm (entonces una división de DC Comics), representa una de las reinterpretaciones más crudas, cínicas y estilísticamente distintivas del personaje creado originalmente por Jim Lee y Brandon Choi en los años 90. Esta serie limitada de nueve números, escrita por el aclamado guionista Brian Azzarello e ilustrada por Carlos D’Anda, se aleja de la estética recargada de la década anterior para sumergirse en un «neo-noir» militar que redefine la figura de Michael Cray para una nueva generación de lectores.

La premisa de este segundo volumen sitúa a Michael Cray en una posición de vulnerabilidad absoluta, tanto física como existencial. Cray es un antiguo operativo de operaciones encubiertas y exmiembro del legendario Team 7, una unidad de élite cuyos integrantes desarrollaron habilidades sobrehumanas tras ser expuestos al Factor-Gen. Sin embargo, a diferencia de sus antiguos compañeros, Cray no es un superhéroe en el sentido convencional. Es un asesino profesional, un hombre cuya única función ha sido ejecutar las órdenes más oscuras del gobierno de los Estados Unidos. La historia comienza con un Cray que se enfrenta a su enemigo más implacable: un tumor cerebral inoperable que le garantiza una muerte inminente.

Lejos de buscar la redención o el retiro, Cray decide utilizar el tiempo que le queda para hacer lo que mejor sabe hacer. La narrativa se pone en marcha cuando es reclutado para una misión que parece rutinaria dentro del mundo del espionaje, pero que rápidamente se desvela como una conspiración de escala global. La trama se desarrolla en un entorno donde la política de alto nivel, los intereses corporativos y la ciencia experimental se entrelazan de forma peligrosa. Azzarello utiliza este escenario para explorar la obsolescencia del soldado en un mundo que ha pasado de las guerras convencionales a los conflictos asimétricos y biológicos.

Uno de los pilares fundamentales de este volumen es el tratamiento del diálogo y el ritmo. Brian Azzarello traslada su sensibilidad de género negro —perfeccionada en obras como *100 Bullets*— al universo WildStorm. Los intercambios verbales son cortantes, cargados de subtexto y desprovistos de cualquier heroísmo romántico. Michael Cray es retratado como un hombre de pocas palabras, cuya psicología se revela más a través de sus acciones y de su resignación ante la muerte que mediante monólogos internos. La serie evita los tropos habituales de las historias de «última misión» para ofrecer una visión desapasionada de la violencia y la lealtad.

En el apartado visual, Carlos D’Anda realiza un trabajo excepcional que rompe con la tradición de la serie original. Mientras que el primer volumen de *Deathblow* en los 90 destacaba por un uso extremo del claroscuro influenciado por Frank Miller, D’Anda opta por una línea cinética, detallada y moderna. Su diseño de personajes enfatiza la naturaleza táctica y desgastada de Cray; no vemos a un semidiós, sino a un hombre cuya musculatura y equipo reflejan años de castigo físico. El uso del color y la composición de las páginas refuerzan la sensación de urgencia y el tono opresivo de la historia, logrando que las secuencias de acción sean viscerales y fáciles de seguir.

El conflicto central de la obra no solo reside en la misión externa, sino en la relación de Cray con su propio legado y con las instituciones que lo crearon. A medida que avanza la trama, el protagonista se ve envuelto en una red de traiciones que involucra a figuras de su pasado y a nuevas amenazas que operan en las sombras del poder. La serie logra integrar elementos de ciencia ficción y horror biológico sin perder nunca su anclaje en el realismo sucio del espionaje militar.

En resumen, *Deathblow Vol. 2* es una obra deconstructiva que toma a un icono de la era Image/WildStorm y lo despoja de sus adornos para examinar la esencia de un hombre que ha sido convertido en un arma. Es una historia sobre la mortalidad, la corrupción sistémica y la búsqueda de un propósito en los márgenes de una sociedad que prefiere ignorar las manos que hacen el trabajo sucio. Sin necesidad de recurrir a grandes eventos crossover, esta serie se sostiene como un relato autoconclusivo, denso y profundamente atmosférico que satisface tanto a los seguidores del personaje como a los amantes del cómic de género negro y militar.

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