Círculo Justiciero representa uno de los pilares más fascinantes y crudos de la historieta mexicana de finales del siglo XX, específicamente dentro del auge de las publicaciones de Editorial EJEA. Enmarcado en el género del *vigilantismo* urbano, este cómic se aleja de las convenciones del superhéroe tradicional estadounidense para adentrarse en una narrativa de justicia por mano propia, profundamente arraigada en el contexto social de una metrópoli asfixiada por la criminalidad, la corrupción institucional y la impunidad.
La premisa de la obra se centra en un grupo de individuos que, tras haber sido víctimas directas o testigos de la ineficiencia del sistema judicial, deciden conformar una unidad clandestina de combate al crimen. Este "círculo" no busca el reconocimiento público ni opera bajo un código moral de "no matar"; su objetivo es la erradicación quirúrgica de las amenazas que azotan a la ciudadanía de a pie. La narrativa se estructura a través de misiones autoconclusivas que, sin embargo, construyen un mosaico complejo sobre la degradación urbana y la pérdida de la fe en las instituciones.
El equipo está compuesto por personajes que adoptan identidades basadas en aves de presa, una simbología que refuerza su naturaleza de cazadores nocturnos y observadores desde las sombras. Entre sus filas destacan figuras como El Halcón, quien suele fungir como el líder estratégico y la brújula moral del grupo; El Búho, encargado de la inteligencia y la vigilancia tecnológica; La Gaviota, que aporta agilidad y una perspectiva necesaria en entornos de infiltración; y El Gavilán, el brazo ejecutor cuya contundencia física es vital en los enfrentamientos directos. A diferencia de los héroes de Marvel o DC, estos personajes no poseen habilidades sobrehumanas; su eficacia reside en el entrenamiento táctico, el uso de armamento convencional y una determinación inquebrantable que bordea el fanatismo.
Visualmente, *Círculo Justiciero* es un exponente del estilo gráfico de las "historietas de bolsillo" o "sensacionales". El dibujo se caracteriza por un realismo sucio, donde las sombras juegan un papel predominante para ocultar los rostros de los protagonistas y enfatizar la atmósfera opresiva de los callejones, bodegas abandonadas y barrios bajos donde se desarrolla la acción. La estética es puramente ochentera y noventera: chamarras de cuero, armas de fuego detalladas y una arquitectura urbana que se siente como un personaje más, devorando a sus habitantes.
El guion de la serie explora temas recurrentes como la venganza frente a la justicia, el costo psicológico de vivir una doble vida y la delgada línea que separa a los protectores de los criminales que persiguen. No hay una idealización del vigilante; por el contrario, el cómic a menudo muestra las cicatrices físicas y emocionales que esta guerra privada deja en los miembros del Círculo. La violencia es explícita pero narrativa, utilizada para subrayar la brutalidad del entorno que intentan limpiar.
Un aspecto distintivo de este título es su capacidad para conectar con el lector de la época a través de la catarsis. En un México donde la "nota roja" dominaba los quioscos, *Círculo Justiciero* ofrecía una fantasía de empoderamiento donde los culpables recibían un castigo inmediato. Sin embargo, para el analista de cómics, la obra trasciende la simple acción para convertirse en un documento sociológico sobre el miedo urbano y la búsqueda de orden en el caos.
En resumen, *Círculo Justiciero* es una pieza clave para entender la narrativa de acción en la historieta latinoamericana. Es un cómic directo, visceral y desprovisto de los adornos del género de capas y mallas, centrado exclusivamente en la logística de la justicia marginal y el drama humano de quienes deciden portar una máscara para hacer lo que la ley no puede o no quiere hacer. Su relevancia reside en su honestidad brutal y en su capacidad para retratar una realidad oscura a través del lente de la ficción de explotación.