M

M (Jon J Muth)

La novela gráfica *M*, creada por el artista Jon J Muth, no es una simple traslación de imágenes de la pantalla al papel, sino una reinterpretación magistral del pilar cinematográfico de 1931 dirigido por Fritz Lang. En esta obra, Muth asume el desafío de adaptar una de las piezas más influyentes del expresionismo alemán y del cine de suspense, transformándola en una experiencia visual que aprovecha las herramientas únicas del lenguaje secuencial para profundizar en la psicología del miedo y la moralidad urbana.

La premisa nos sitúa en una ciudad alemana sumida en la paranoia (Berlín, aunque el nombre a menudo se diluye en la universalidad del entorno urbano). Un asesino en serie de niñas acecha las calles, operando en las sombras y dejando tras de sí un rastro de angustia que desarticula la vida cotidiana. La narrativa se despliega a través de una estructura dual: por un lado, seguimos los esfuerzos infructuosos y metódicos de la policía, cuya presión sobre los bajos fondos comienza a asfixiar las actividades delictivas habituales. Por otro lado, observamos cómo el sindicato del crimen organizado, viéndose perjudicado por la vigilancia constante, decide tomar la justicia por su mano y organizar su propia cacería para capturar al "monstruo" que ha alterado el orden de su ecosistema.

El aspecto más distintivo de esta obra es, sin duda, el apartado gráfico. Jon J Muth, reconocido por su estilo pictórico y el uso exquisito de la acuarela, se aleja del dibujo de línea tradicional del cómic estadounidense para ofrecer una estética etérea, casi onírica, que evoca la atmósfera cargada de la República de Weimar. Sus pinceladas capturan la luz y la sombra de una manera que rinde homenaje al claroscuro del cine expresionista, pero con una sensibilidad moderna. Las texturas de las calles adoquinadas, el vaho de la respiración en el frío y la penumbra de los callejones se sienten tangibles. Muth utiliza el color de forma narrativa; las tonalidades apagadas y los grises dominantes subrayan la desesperanza de la sociedad, mientras que los detalles cromáticos específicos sirven para guiar la mirada hacia elementos clave de la trama.

A diferencia de la película, donde el sonido jugaba un papel crucial (especialmente el silbido de la pieza *En la gruta del rey de la montaña* de Grieg), Muth logra traducir esa presencia auditiva en una presencia visual inquietante. El autor utiliza el espacio en blanco y la composición de las viñetas para generar un ritmo que alterna entre la claustrofobia de la persecución y el vacío desolador de las desapariciones. La representación del asesino, Hans Beckert, es un ejercicio de sutileza; no se nos presenta como un villano de caricatura, sino como un hombre atormentado por sus propios impulsos, cuya humanidad residual hace que el horror de sus actos sea aún más difícil de procesar para el lector.

La obra también funciona como un estudio sociológico. A medida que la búsqueda avanza, la línea que separa a los "ciudadanos respetables", a los criminales profesionales y al asesino solitario comienza a desdibujarse. Muth captura con precisión la mentalidad de la turba y el peligro de una justicia que emana del odio y la conveniencia en lugar de la ley. El cómic plantea preguntas incómodas sobre la responsabilidad colectiva y la naturaleza del mal, manteniendo al lector en una tensión constante que no se resuelve con respuestas fáciles.

En conclusión, *M* de Jon J Muth es una pieza esencial del cómic contemporáneo que demuestra cómo la novela gráfica puede dialogar con otros medios sin perder su identidad. Es una obra densa, atmosférica y visualmente subyugante que respeta el material original de Lang mientras construye una identidad propia. Para el lector, es una inmersión en una ciudad donde el peligro no solo reside en el hombre que silba en la esquina, sino en la oscuridad que habita en el corazón de la propia comunidad. Es, en definitiva, un estudio sobre la mirada: la del asesino que busca a su presa, la de la ley que busca orden y la de una sociedad que, al mirar al monstruo, termina viendo su propio reflejo.

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