Dentro del vasto catálogo de la mítica Editorial Columba, "Troya" se erige como una de las piezas de ciencia ficción más singulares y visualmente potentes de la historieta argentina de finales de los años 70 y principios de los 80. Creada por la dupla creativa compuesta por el prolífico guionista Robin Wood (bajo el seudónimo de Robert O’Neill) y el dibujante Rafael Villagrán (quien firmaba como Ravillco), la obra se aleja de los tropos clásicos de la epopeya griega para sumergir al lector en una *space opera* de tintes oscuros, cínicos y profundamente humanos.
La trama nos presenta a Troya, un aventurero y mercenario espacial que recorre una galaxia vasta, decadente y fragmentada. A diferencia de otros héroes de la época, Troya no está impulsado por un idealismo inquebrantable o una misión de salvación universal. Es, ante todo, un sobreviviente. Su entorno es un universo donde la tecnología de punta convive con la miseria moral, donde imperios galácticos se desmoronan y las fronteras del espacio conocido son tan peligrosas como los hombres que las habitan.
El guion de Wood/O’Neill dota a la serie de un ritmo episódico pero con una cohesión temática envidiable. Cada entrega funciona como un vistazo a un rincón diferente de este cosmos hostil. Troya se ve envuelto en conflictos políticos, rescates imposibles y enfrentamientos contra facciones militares o piratas espaciales. Sin embargo, el núcleo de la narrativa siempre reside en la ambigüedad moral. El protagonista se mueve en una escala de grises, tomando decisiones basadas en la necesidad inmediata y en un código de honor personal que a menudo choca con las leyes de los sistemas que visita.
El apartado visual, a cargo de Ravillco (Rafael Villagrán), es el elemento que termina de definir la identidad de la obra. Villagrán, hermano del también célebre Ricardo Villagrán, despliega en "Troya" un estilo detallista y atmosférico que rompe con la estética más tradicional de otras series de Columba. Su diseño de naves espaciales, estaciones orbitales y paisajes alienígenas posee una cualidad táctil; las máquinas parecen pesadas, usadas y funcionales, adelantándose en cierta medida a la estética del "futuro usado" que popularizarían filmes como *Star Wars* o *Alien*.
El uso de las sombras y el claroscuro por parte de Ravillco es magistral. Logra transmitir una sensación de claustrofobia en los interiores de las naves y una soledad abrumadora en el vacío del espacio. Los rostros de los personajes, marcados por las líneas de expresión y el cansancio, refuerzan el tono de una historia donde la aventura no es un juego, sino una carga. La narrativa visual es dinámica, con una composición de página que aprovecha el formato clásico de las revistas de la editorial (como *D'Artagnan* o *El Tony*) pero inyectándole una energía cinematográfica.
"Troya" también destaca por su tratamiento de la tecnología y la sociología ficción. No se limita a mostrar batallas de rayos láser; explora cómo la expansión humana por las estrellas ha replicado los mismos vicios y estructuras de poder de la Tierra. Hay una crítica subyacente a la burocracia, la tiranía y la deshumanización que conlleva el progreso tecnológico desmedido.
En resumen, "Troya" de Editorial Columba es una obra imprescindible para entender la evolución de la ciencia ficción en la historieta sudamericana. Es el retrato de un hombre solitario frente a la inmensidad de un cosmos que no le debe nada. La combinación de la prosa afilada de Wood y el arte visceral de Ravillco convierte a este cómic en un ejercicio de estilo y narrativa que sobrevive al paso del tiempo, manteniendo intacta su capacidad para evocar mundos lejanos que, en el fondo, reflejan las sombras más cercanas de la condición humana.