La etapa de Conan el Pirata representa uno de los arcos narrativos más icónicos y visualmente potentes en la vasta cronología del personaje creado por Robert E. Howard, especialmente en su traslación al noveno arte. Este periodo, adaptado con maestría en las páginas de Marvel Comics (principalmente por Roy Thomas y John Buscema) y posteriormente reinterpretado por otras editoriales como Dark Horse, marca un punto de inflexión donde el bárbaro cimmerio abandona las estepas y los reinos civilizados para abrazar la libertad salvaje del océano.
La trama se sitúa en un momento vital donde Conan, huyendo de las autoridades de los reinos de Argos y Kush, termina enrolado en diversas embarcaciones hasta que su destino se cruza con el de Bêlit, la temida Reina de la Costa Negra. Este encuentro no es solo un choque de aceros, sino la unión de dos fuerzas de la naturaleza. A bordo del navío *Tigris*, Conan deja de ser un mercenario solitario o un ladrón de ciudades para convertirse en el "Amra" (el León), un líder pirata respetado y temido por las tripulaciones de las costas de Kush y las naciones del sur.
Desde el punto de vista narrativo, el cómic de *Conan el Pirata* se aleja de la estructura episódica de "monstruo de la semana" para construir una epopeya romántica y brutal. La relación entre Conan y Bêlit es el eje central; ella es su igual en ferocidad y ambición, lo que dota a la historia de una profundidad emocional rara vez vista en otros arcos del personaje. Juntos, navegan por mares infestados de horrores antiguos, saqueando puertos de Estigia y descubriendo ciudades perdidas en las profundidades de la selva africana de la Era Hiboria.
El entorno marítimo permite a los artistas explorar una estética diferente. El contraste entre el azul profundo del mar, el blanco de las velas y el rojo de la violencia constante define la paleta visual de estas entregas. Las batallas navales están coreografiadas con un dinamismo asombroso, donde el abordaje se convierte en un caos de extremidades, madera astillada y acero. Sin embargo, el cómic no olvida el componente de "espada y brujería". A pesar de la ambientación pirata, los protagonistas se enfrentan constantemente a elementos sobrenaturales: dioses olvidados que habitan en islas desiertas, maldiciones ancestrales que protegen tesoros sumergidos y criaturas aladas que acechan desde los acantilados.
Un aspecto fundamental de esta etapa es la evolución del protagonista. El Conan pirata es más maduro que el joven que llegó a Zamora, pero conserva esa desconfianza innata hacia la civilización "civilizada". En el mar, bajo un código de honor brutal pero honesto, Conan encuentra una forma de pureza que las ciudades corruptas le negaban. La tripulación del *Tigris*, compuesta por feroces guerreros shemitas, ve en él no a un extranjero, sino a un semidiós de la guerra, lo que permite al lector observar las dotes de mando y estrategia que más tarde lo llevarían a ocupar el trono de Aquilonia.
El guion suele mantener un ritmo frenético, alternando entre la exploración de ruinas ciclópeas y la supervivencia en alta mar. La atmósfera es de una libertad peligrosa; hay una sensación constante de que el mundo es vasto, desconocido y letal. Los diálogos, impregnados del estilo épico de Howard, refuerzan la idea de que estos personajes viven cada día como si fuera el último, entregándose al saqueo y al amor con una intensidad febril.
En resumen, *Conan el Pirata* es una pieza esencial para cualquier estudioso del cómic de fantasía. Es la crónica de los años más salvajes y apasionados del cimmerio, un periodo donde el horizonte no tenía límites y el acero era la única ley válida. Es una obra que define la esencia del aventurero: la búsqueda constante de gloria en los confines de un mundo que aún conservaba sus misterios más oscuros bajo las olas. Sin recurrir a giros innecesarios, el cómic logra capturar la majestuosidad del océano y la ferocidad de un hombre que se negó a ser domesticado por la tierra firme.