Arcadia es una ciudad que ha superado el punto de no retorno. No es simplemente un lugar con altos índices de criminalidad; es un organismo enfermo donde la corrupción ha metastatizado en cada estrato de la sociedad, desde los callejones más oscuros hasta los despachos más altos de la administración pública. En este escenario de decadencia absoluta se sitúa *X Vol. 2*, el relanzamiento del icónico personaje de Dark Horse Comics, bajo la dirección creativa del guionista Duane Swierczynski y el artista Eric Nguyen. Esta obra no busca reinventar la rueda del vigilantismo, sino llevarla a sus consecuencias más crudas, violentas y pragmáticas.
La narrativa se centra en la figura de X, un vigilante cuya identidad es un misterio envuelto en una máscara de cuero con una mandíbula de metal. A diferencia de otros héroes urbanos que operan bajo códigos morales complejos o la esperanza de una redención social, X opera bajo una ley de hierro extremadamente simple: el sistema de las dos marcas. Si X te pone una marca, es una advertencia. Si te pone la segunda, estás muerto. No hay juicios, no hay apelaciones y, sobre todo, no hay piedad. Este volumen explora la efectividad y el horror de este método en una ciudad que ya no cree en la justicia convencional.
El motor de la historia arranca con Leigh Ferguson, una bloguera decidida y algo temeraria que intenta exponer la podredumbre de Arcadia. Su camino se cruza con el de X de manera fortuita y violenta, convirtiéndola en el ancla humana de la serie. A través de sus ojos, el lector descubre que X no es un símbolo de esperanza, sino una respuesta inmunológica extrema de una ciudad que intenta purgar sus propios parásitos. Leigh aporta la perspectiva necesaria para cuestionar si los métodos de X son una solución necesaria o simplemente otra forma de caos que se suma al ya existente.
El conflicto principal de este volumen enfrenta a X contra los "Tres Cerditos", un triunvirato de figuras poderosas que controlan los hilos de Arcadia: un líder de una banda criminal, un político corrupto y un comisionado de policía sin escrúpulos. Esta estructura permite a Swierczynski explorar cómo el crimen organizado y el poder institucional están intrínsecamente ligados. La lucha de X no es contra delincuentes comunes, sino contra una infraestructura de maldad que se considera intocable. El cómic disecciona la idea de que, para derribar un sistema tan profundamente arraigado, se necesita algo más que buena voluntad; se necesita una fuerza imparable y carente de remordimientos.
Visualmente, el trabajo de Eric Nguyen es fundamental para establecer el tono de la obra. Su estilo es sucio, visceral y cargado de sombras, capturando perfectamente la atmósfera opresiva de Arcadia. La violencia en *X Vol. 2* no es estilizada ni gratuita en el sentido tradicional del género; es impactante y tiene peso. Cada enfrentamiento deja cicatrices, y el diseño del propio X —con su gabardina raída y su máscara inexpresiva— refuerza la idea de que es más una fuerza de la naturaleza o un verdugo que un ser humano.
El guion de Swierczynski destaca por su ritmo implacable. La narrativa se mueve con la misma eficiencia que el protagonista, evitando florituras innecesarias y centrándose en la progresión de una guerra urbana total. A medida que avanza el volumen, la tensión escala no solo por los enfrentamientos físicos, sino por el dilema moral que rodea a la figura del vigilante. ¿Puede una ciudad sobrevivir a su salvador si este es tan violento como sus opresores?
*X Vol. 2* se consolida como una pieza esencial del sello "Project Black Sky" de Dark Horse, ofreciendo una visión del género de superhéroes despojada de idealismo. Es un cómic sobre la justicia en su forma más elemental y aterradora, ambientado en un entorno donde la ley ha fallado por completo. Para los lectores que buscan una historia de vigilancia urbana que no teme ensuciarse las manos y que trata temas de corrupción sistémica con una honestidad brutal, este volumen representa una de las propuestas más sólidas y coherentes de la industria contemporánea. Sin recurrir a giros argumentales forzados, la obra mantiene el interés centrándose en la pureza de su premisa: en Arcadia, el único lenguaje que se entiende es el de la marca de la X.